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Trujillo, La Libertad, Peru
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sábado, 24 de enero de 2026

LA FURIA DE MIGUEL ALMEYDA (TEXTO SOBRE EL LIBRO HIJO DE LA FURIA)

  

El libro de Miguel Almeyda, Hijo de la furia, es un testimonial interesante de este artista que ha hecho del teatro su herramienta de vida. A lo largo de sus 104 páginas, Almeyda nos lleva a vivir las emociones, frustraciones y alegrías que vivió con diversas personas en diversos espacios y momentos. Dividido en 64 microhistorias, cada una encabezada por una ciudad en la que discurre cada una de estas historias, el libro es un manifiesto de lucha por la vida, los amores, los amigos, la familia que conforman a cada ser humano que hay sobre este planeta. Por esa lucha es que Almeyda cierra cada historia con un colofón en el que siempre está la muerte a la cual siempre le arrebata o retrasa la función de esta, salvo aquella vez que un amigo chileno entrañable, José Antonio Venegas, no salió invicto frente a la parca. Miguel Almeyda hace de este libro un pequeño diario, un ayudamemoria de la vida azarosa que le tocó vivir, como a millones de peruanos. Creció en Villa El Salvador y es el teatro que lo arrancó de un triste destino en el que se hunden muchos peruanos. Rodeado por la violencia virulenta de los 80 y su actitud de hombre de izquierdas, su vida estaba en riesgo y tuvo que optar por la decisión que muchas personas se han visto forzadas de tomar en la vida: el exilio y todo lo que esto conlleva: el desarraigo, el miedo y la incertidumbre de un lugar al cual vas para sobrevivir. Montreal, Canadá, fue ese destino. Almeyda fue domando este nuevo espacio y, gracias a la solidaridad (tan importante) como fue el caso del exiliado José Venegas, Miguel fue abriéndose camino. La gente, en situaciones extremas, pueden ser muy creativas y luchadoras ante las circunstancias. Cada una de las circunstancias, lugares y personas que irá conociendo son narradas de manera emotiva y les va rindiendo homenaje, pues cada uno de ellas, desde la más sencilla e íntima como sus parejas o hija, hasta las más populares como Rubén Blades, marcaron definitivamente en su vida. Siempre hay gente que tocará la vida de otros. Es muy bonito el homenaje, por ejemplo, al grupo de teatro Yuyachkani que lo acogió y con los que trabajó un buen tiempo. A lo largo de las páginas el autor testimonia lo que es un artista para él y se parece a la descripción que nos hace Milton Nascimento en su canción “Nos bailes da vida”: acercarse a la gente, trabajar con ella, educar y divertir, no alejarse en un escenario. Su vida discurre en ello en algunas ciudades peruanas como lo es Arequipa o Lima, en las que va a vivir experiencias amargas o luminosas: dolorosa es la que nos sintetiza su vida juvenil o como artista en frases tan lapidarias como “Señor, esta es una clínica privada, no creo que tenga dinero para estar aquí” o “A veces, en medio de un montón de gente, donde eres el único negro, te pedirán documentos sólo a ti. Sólo a ti”. Esa micro historia que termina con una frase lapidaria: “es su destino por nacer con ese color en la piel”. Pero hay también las luminosas como cuando ve a su hija crecer. Como toda persona ligada al oficio de escribir literatura, podría decir que la reflexión de las páginas 79-80 es una suerte de Ars Poética del artista. Titula esta reflexión como Arequipa, la ciudad en la que conoce a du futura familia que va a construir con el tiempo. Esta reflexión rinde un sentido homenaje a la palabra, la materia con la que se construyen narraciones, poemas, canciones, lides, guiones, los amores y las desazones, las penas y las alegrías, prohibidas, libres poderosas e íntimas que no sólo acompañan a nuestro autor, sino a todos los hombres y mujeres sencillos, los apátridas, exiliados, a los juegos de los niños que se van perdiendo, a los hombres que adoptan otras lenguas por decisión propia o por la fuerza, a las palabras que en algún momento nos toca nuestras fibras más íntimas y nos desnudan. La palabra correcta es como el amor. Como cantaba Violeta Parra en su canción Volver a los 17: “el amor es torbellino, de pureza original. Hasta el feroz animal, susurra su dulce trino”.

Una observación: espero que, en una segunda edición, se haga revisión detallada de la ortografía para que la lectura sea feliz para aquel que quiera conocer a Miguel Almeyda y de paso conocernos a nosotros mismo.

Entonces, que suba el telón y empiece la función.



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