martes, 27 de diciembre de 2011

LA UNIDAD DE LOS CONTRARIOS DE LUIS EDUARDO GARCÍA

29 de setiembre. Después de algunas dudas, LEG decidió presentar su poemario con el cual había logrado el Premio Copé de Bronce del 2009. Y me invitó a hacer la presentación del mismo ante un nutrido público conformado por sus entrañables alumnos y el intelectual ávido de conocer la nueva producción de LEG, quien ya tiene un sitio en las letras de nuestra ciudad y región.

Confieso que soy poco lector de poesía, la cual demanda un rigor y recursos de lector frecuente que tuve que trabajar para poder estar a la altura de las circunstancias. LEG es un empedernido lector y tiene referentes amplios que son sus leit motiv poético. Gran admirador de la obra de Pessoa, es él quien le ha de dar recursos creativos de heteronimia que lo acercan mucho a los que fue este gran escritor portugués en vida. El velado homenaje atraviesa este libro desde el mismo hecho de cómo quiere abordar el principal y único tema de este poemario: el amor. Y además halló en el poeta argentino Roberto Juarroz el material necesario para crear sus epígrafes y que ayudan a crear una unidad interna en los tres bloques como se presenta el poemario, así como la división que uno, como lector, establece en el mismo; así, se puede decir que hay otro bloque visto desde la perspectiva de trato del tema y que se puede establecer uno del poema 1 al 7 inclusive, y de ahí hasta el 22.

Los siete primeros poemas el amor es acompañado por la tristeza (salvo el 2, que da cierta esperanza). El abandono, la decepción, son esas formas manifiestas del dolor que causa el amor que fue o el no correspondido. Y cierra con su poema 7 como un ángel caído, Lucifer, cuya luz se apaga, pese al brillo. De ahí, los poemas discurren en lo contradictorio que es el amor. Los permanentes recursos empleados, metáforas y sinestesias, corroboran esa contradicción a la cual termina llamando la unidad de los contrarios. Así llegamos al poema 10, tomando prestada la idea de Juarroz que atraviesa su Octava poesía vertical,  13, la cual es usada en el epígrafe de esta parte. El último verso del poema 10, va a ser el elemento de cohesión del resto del poemario. Este verso es el título de este poemario. Y es, además, el nombre de la última parte, cuyo último verso es nuevamente el mismo. En esta parte hace una explícita declaración de amor a su pareja, Natalia, y es el único nombre propio que ha de aparecer en toda la obra. La aparición de los heterónimos de Pessoa comienza a darse desde el poema 14, veladamente dedicado a la amada ideal de Pessoa, Ofelia Queiroz, a quien por coincidencia le escribió una carta un 29 de septiembre de 1929 en la cual trata de restablecer el vínculo roto entre Pessoa y ella, pero colocándola en otro sitio, al cual podía quizá acceder como otra creación, como un heterónimo; no como un ortónimo. Coincidencia o no, LEG se presenta ante el lector amado como un ortónimo, así lo hace explícito y lo tiene como exigencia.  Y cierra esta primera parte con un bello poema en el que resume todos los amores que un ser humano puede tener.  Aunque a su madre sí le alcanzó el tiempo para poder enterarse de la buena nueva, que había ganado un nuevo premio con un nuevo poemario, su figura de madre ausente se ve a lo largo del poema, como adelantándose a la pronta ausencia terrenal, y para eso juega con los opuestos para hacernos entender, a través de la contradicción, con el uso del oxímoron, lo que él espera del amor y lo que ha obtenido de éste.

La segunda parte, LEG toma distancia para hacer reflexiones del amor, “de acuerdo al cristal con que se lo mire”.  Y sus observaciones, aunque despojadas de cronicidad, son varias reflexiones de los múltiples hombres que pueblan a un ser humano. Es la parte más filosófica del poemario, y recurre a otro gran poeta que él ama mucho: Jorge Luis Borges. El poema 21 condensa, a través de sus versos, la persistencia de las contradicciones del amor, que aunque esquivo e inasible, dan en cierta manera una razón o sentido a las breves vidas de los hombres. Aunque quiere ser duro con los hombres como especie, reconoce que hay batallas en nuestro tránsito de la vida.
Sé que para poder comprender la integridad de este poemario, hay que haber leído el anterior, Teorema del Navegante, que fue presentado casi un año antes que éste. Conforman una unidad y anafóricamente refiere a éste en el actual poemario. Pero el extenso canto de amor que tengo en mis manos sacia la sed que uno tiene por ese sentimiento que como, dice Juarroz, es un centro que no coincide con el de la vida.    

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