domingo, 8 de mayo de 2011

CÓMO CREAR UN PATÁN, A PROPÓSITO DEL DÍA DE LA MADRE

Hace exactamente una semana veía en la televisión una serie inglesa detectivesca policial que captó mucha mi atención. Resumo: una mujer drogadicta había confabulado con un amante suyo un fingido secuestro de su hija para poder hacer de este hecho un "evento" mediático y sacar réditos jugosos con los cuales podría, al fin, cumplir con su verdadero rol de madre. Pero lo que podría haber sido un éxito para la díscola mujer, se convirtió en una pesadilla para todos: la niña fue asesinada. Durante el juicio contra el criminal, todos juzgaron (incluido yo, desde mi televisor) al criminal, quien recibió sorpresivamente una leve condena, ya que no había pruebas contundentes. La madre (aún no sabíamos el final) tomó la justicias con sus propias manos y le clavó un cuchillo ante cientos de impávidos testigos. Todos juzgaron que la pobre mujer había reaccionado dolida en su condición de madre y todos deciden apoyarla para sacarla de este cruel embrollo en el que se había metido por haber actuado impulsada por sus "entrañas". A medida que iba transcurriendo la serie, vimos el verdadero rostro de una mujer que justifica cualquier medio para poder cumplir con su rol  de madre.
¿Por qué viene a colación este tema y por qué el título de esta opinión? Es mismo domingo, fui a presenciar un espectáculo muy simpático en el Teatro Municipal de nuestra ciudad. La presencia  de niños era de esperar y uno puede ser testigo de muchas enseñanzas familiares a través de los hijos y las reacciones de los padres. Para suerte nuestra (fui con un amigo) estuvimos sentados delante de un grupo humano bastante peculiar: una madre con sus dos hijos y una abuela. El hijo varón comenzó a estornudar directamente sobre los cuellos de las personas que estaban delante de él, mejor dicho nosotros; tras varios estornudos y ante la complacencia de la madre, opté por voltear la cabeza y pedir a la madre si pudiera indicar a su hijo de estornudar hacia otra parte. La reacción que obtuve de esa persona fue la de una agresión inmediata: comenzó por tutear e insultar (en presencia de sus dos hijos y de la madre, y otras personas más que miraban impávidas la reacción de la mujer), luego a indicar que había pagado su dinero y que le daba la potestad de hacer lo que quería; posteriormente, justificó el hecho por ser pequeños (ya con algunas groserías de por medio) y, por último, que ella como madre defiende a sus hijos frente a todos; añadió una frase que me pareció interesante, y que trae a colación la extrapolación con la serie de televisión, "se ve que no tienes hijos y no sabes cómo es eso, lo difícil que es controlarlos". Interesante frase que me hizo recordar mis años de enseñanza en el colegio, cuando a muchos padres, los hijos ya se le habían vuelto incontrolables y derivaban su función de padres a los maestros para enseñarles los límites requeridos que ellos (los padres) ya no son capaces de hacerlo. Y lo peor de todo, la escena se realizó delante de su dos hijos. La mujer cree haber salido triunfante de su "digno ejemplo", pero va sembrando cada vez las sutiles raíces de lo que es un patán: ese niño, con la vulgar demostración de su madre, ha aprendido que insultando, no oyendo y trasgrediendo (bajo la anuencia de su madre, esto es, la autoridad) se logran las cosas; quizá hubiera ameritado detener a la mujer, pero la perspectiva no era la mejor. Lo que sí tiene por delante en algunos años, es la posibilidad de conflictos con su hijo; cuando éste llegue a la adolescencia, los ejemplos, los patrones educativos emergen para poder "colocarte" en el mundo. La familia es la primera que le da patrones a los niños. Y ese niño tiene una buena herencia.
Para terminar, la escena final de la serie, ya al dictar sentencia, el abogado acusador cerró con una frase dura contra la mujer: "usted no ha sido una madre". Salvando distancias y extrapolando las situaciones, nos debemos preguntar si la educación incluye en el proceso de ser madre y en cuánto de esto estamos bien preparados. 
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