viernes, 18 de febrero de 2011

FORÇA, BARÇA

Debo confesar que Barcelona no estaba en mis planes. Una llamada telefónica de Chicho Velásquez, mi ex vecino aquí en Trujillo y ahora residente allí ya más de 8 años, me hizo una llamada los últimos días de diciembre. Y me planteó ir a visitarlo, ya que iba a ir al sur de Francia a visitar a varios amigos míos. “Date un salto, estás a un paso, te regresas a París en tren o en avión, es muy barato, te quedas en casa”. Esa conversación fue decisiva para incluir a Barcelona en esta breve visita al viejo continente. Chicho, viajero empedernido, se dio “un salto” hasta la casa de Melissa, en el sur de Francia. Hicimos algunas visitas previas por la zona (que luego narraré en otra oportunidad, lugar de Templarios) y tomamos su auto para irnos hacia el sur. Las excelentes carreteras y autopistas francesas y españolas nos permitieron hacer un viaje cómodo, deteniéndonos brevemente en una ciudad muy simpática, Béziers; aunque un ex alumno me había invitado a visitarlo, el tiempo nos apremiaba, así que sólo estuvimos casi un par de horas en la ciudad y seguimos ruta. El sistema de peaje se ha modernizado en España, sólo mostrando tu tarjeta de descuento a un sensor instalado en la parte superior de cada caseta para poder agilizar el paso (imagino instalado en nuestras carreteras para ver que lo evadan o se lo roben). La idea era llegar lo más pronto posible a Figueres y Cadaqués a conocer el museo Dalí y su lugar de residencia. Pero una cosa es la voluntad y otra la realidad. La llegada a Figueres fue un poco accidentada: mi cámara sufrió un percance y el museo ya estaba listo a cerrar. El gran museo Dalí tomaba dos horas de visita y nos quedaba sólo media hora para hacer el recorrido. Para otra vez será. Nos olvidamos de Cadaqués también. La cercanía a Francia hace ver carteles en esa lengua, así como catalán, la lengua oficial de Cataluña (Catalunya). El espacio catalán acogió una sociedad y cultura muy poderosa, acompañada de una lengua que tuvo su esplendor en el Medioevo, al igual que su “prima” cultural, la occitana. El famoso conde de Tolosa tuvo fuertes vínculos con el conde de Barcelona y crearon una suerte de unidad económica que fue la fuerte tentación de un gobierno central como lo fue París, por un lado; y por otro lado, una fuerte rivalidad social, política, económica y cultural entre Barcelona y Madrid. Esta última situación se acentuó gravemente con el triunfo de la dictadura de la falange franquista y opacaron el mundo catalán desde los años 30 hasta la muerte del dictador Franco en 1975. La era del deshielo permitió crear las autonomías y, con ello, el rescate de la cultura e identidad catalana. Y esto se ve en todo lado: la identidad lingüística se da desde el aula de los colegios, en televisión, en la internet, publicidad, diarios, información de parlantes, carteles de información. Pero en las calles, a decir verdad, escuché poco catalán. Leía más que oía, salvo en la televisión.


Me quedé 3 días y un poco más en Barcelona; llegué el martes por la noche, y lo primero que hicimos fue ir a una tienda FNAC a ver si se podía arreglar mi cámara; el golpe sufrido no había afectado al lente, sólo se había roto el filtro y, felizmente, no afectaba el hecho de tomar fotografías. Compré varias películas en dvd y el filtro respectivo. Pero no se arriesgaban a sacar el filtro roto. Antes de ir a instalarnos en su departamento, pasamos por un edificio emblemático de la ciudad: la Torre Abgar de los servicios de agua potable de la ciudad, la cual se ilumina de manera diferente cada noche. Y es todo un espectáculo. Pero otro espectáculo fue ir a cuadrar su auto en la calle. Barcelona es, sin lugar a duda, uno de los lugares más densamente poblados de Europa y sus espacios son al milímetro aprovechados. Y tienen esos milímetros un alto costo. Vivir en Barcelona en tu departamento con un auto es tener la mitad de tus ganancias en pagar los espacios habitados por ti y tu auto. Pagas una fortuna.



Al día siguiente, miércoles había de encontrarme con mis amigos de la universidad, Quique y Milka, a quienes no veía en años. Milka estuvo aquí hace 4 años; Quique no lo veía desde los 80. Iba a ser un reencuentro emotivo, el punto de reunión fue en puertas del FNAC de la Plaza Catalunya cerca a Universitat. Gracias al metro (ya Trujillo debe ir pensando en uno, es una solución genial) puntuales, llegamos Chicho y yo al encuentro. Fue un buen abrazo para ambos, un abrazo que quiere sintetizar el buen recuerdo y todas las esperanzas soñadas desde nuestras aulas universitarias. Antes de empezar la visita “oficial”, pedí a mis amigos ir a ver alguna casa fotográfica para arreglar mi lente; fuimos a una que me pedía dejar mi cámara por dos días y con el posible costo de 150 euros (imaginar que la arreglé aquí por 50 soles); como podía seguir tomando fotos con relativa facilidad, desistí de mi empresa y me zambullí en la ciudad. Iba a ser guiado por la calles de Barcelona por 3 peruanos que han hecho su vida en España. Milka, cual mujer dominadora, tomó las riendas de la situación y nos llevó a conocer “su” Barcelona (cada uno en su momento me enseñó su Barcelona). Milka nos arrastró a ver la Barcelona modernista. Y todos la vinculan con Gaudí. Arrastrando por las ramblas y las calles de la antigua ciudad medioeval, una ciudad que nos muestra todo su pasado esplendoroso y que fue acallado por décadas, hasta que la ciudad fue propuesta como sede de los juegos olímpicos de 1992. Esa ocasión el rostro de la ciudad cambió y nos dejó la actual Barcelona con sus agudos y bemoles.


En nuestro paseo, bajando por el Paseo de las Gracias (P. de Gràcia), la primera casa en visitar fue la casa Battló, un bello edificio de viviendas que muestra de este arte complejo que imita a la naturaleza y que tuvo una serie de seguidores en esta ciudad (no sólo Gaudí, sino Puig, Domènech, Vilaseca, entre otros más). Esta casa está inspirada en las formas naturales de las hojas, cráneos y antifaces para lo cual ha utilizado hierro, mosaico. Al costado de ésta, está la casa Amatller del arquitecto Josep Puig, un bello edificio que era de viviendas, actualmente sede de un instituto. Ambas construcciones hacen un conjunto armónico, equilibrado, nada estridente como lo que hallamos en nuestra arquitectura urbana. Chicho me contaba lo difícil y selectivo que es edificar en esta ciudad; en cierta manera, esas reglas la hacen mantener bella y ordenada. Si Trujillo tuviera autoridades rectas, otra sería la cara de nuestra ciudad. Un detalle que no observamos es el hecho de que no ves cableado que afea a la ciudad, ni de luz, ni de teléfono. Esas marañas que afean tu vista y que se convierten a veces en foco de riesgo no los vemos por la ciudad. Para cerrar esta visita por el modernismo barcelonés, fuimos a una bella construcción llamada Casa Milà, en la misma Gràcia. Esta casa es todo un símbolo social, dependiendo del punto en que se la vea. El edificio ha sido adquirido por la Caja y está decidida (la Caja) a sacar a todos los residentes. El ingreso era libre, ahora ya no lo es; y los vecinos de las plantas superiores se resisten a desalojarlos. Es la lucha silenciosa de los ciudadanos por sus espacios versus las grandes corporaciones. El problema es que muy pocos atienden estas situaciones por el problema de la crisis. Barcelona es una ciudad fuertemente golpeada por la crisis. De eso, hablaremos en otro momento. Así pues, La Pedrera, como se conoce a este edificio, fuera de su belleza, se ha vuelto en una suerte de símbolo subterráneo. Cerramos parcialmente la visita a lo modernista con el palacio Güell (lo vimos por la tarde), el cual no pude ver por estar en refacción. Pena. Pero los detalles de su fachada eran impresionantes y, pese al cansancio de la caminata bajo un tenue sol, le pudimos arrancar destellos de su belleza que en otro momento la lucirá mejor. Espero verla.

Todo el grupo se dirigió hacia la zona vieja a almorzar.

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