jueves, 20 de agosto de 2009

FLORCITA Y LOS INVASORES: EDUARDO GONZÁLEZ VIAÑA



Confieso haber leído poco la obra de Eduardo González Viaña (EGV). La poca que he leído ha sido la de cuentos sobre migrantes y los frecuentes artículos que salían publicados en el diario La Industria de la ciudad en la serie El Correo de Salem. Hace dos años, con la grata visita de una actriz peruana que reside en Inglaterra, Aurora Colina, vimos en las tablas de Los Tallanes tres (3) historias, una de las cuales figura en el libro que he presentado el día de ayer (19 de agosto). La historia de Hortencia Sierra sí era verdadera y, luego lo supimos por boca del mismo EGV, tuvo un final feliz.
Ingresar a la lectura de los textos de EGV es hacer un recorrido en el imaginario de un latinoamericano, no importando de dónde sea éste o a qué clase social pertenezca. Pareciera que nos movemos en un lugar común, en un locus, el cual fácilmente identificamos. Como una suerte de eje axiológico el sentido de lo latino se vuelve el hilo conductor de cada uno de los cuentos leídos en la obra. Diversos personajes, diversos orígenes, diversas motivaciones de su migración se van hilvanando por macro temas que subyacen a lo largo de los cuentos: LA SOLEDAD, LA TRAGEDIA, LA FE Y LA ESPERANZA. Aparecen, cada uno de estos, como actores omniscientes que envuelven a los personajes, los lugares, la historia. Los dos primeros personajes (LA SOLEDAD y LA TRAGEDIA, sea como muerte o enfermedad) son personajes del ahora, del presente, de cada uno de los hombres y mujeres que van apareciendo delante de nuestros ojos en cada uno de los cuentos. La atormentada María Laura (en LA BATALLA FINAL DEL COMODORO); Doña Asunción Martínez, personaje alucinante, y su hijo Doroteo Silveira (en LA MUJER DE LA FRONTERA), el hipotético seudo argentino Álvaro o Juan Carlos Cardoso (TANGO), entre otros; o los múltiples YOES con los que el narrador real aborda la relato como narrador ficticio. Todos estos son personajes signados por la desgracia, la muerte, el conflicto de su familia o de su país. Estas desgracias pueden convertirse en macro personajes (si cabe el término) tales como una organización social (en muchos casos la policía o el ejército, como es el caso en ¡AMÉRICA, AMÉRICA! o SIETE NOCHES EN CALIFORNIA). Este último, también, tiene como leit motiv uno de los más grandes lastres de nuestras sociedades: el status quo, el miedo al qué dirán y la aceptación de las organizaciones sociales básicas de una sociedad como el matrimonio. Esto está tan bien graficado, además, en CONFESIÓN DE FLORCITA. La mujer debe respetar ese orden social a pie juntillas ni chistar. Esta características la vemos en esa soberbia película de Luis Buñuel, EL. O pueden convertirse, tomando la licencia, en micro personajes, como LA BATALLA FINAL DEL COMODORO, historia en la que aparece el inefable Mauricio, el COMODORO (Evocando al tristemente célebre Comandante CAMIÓN, abusivo militar que masacró a inocentes durante los años de guerra sucia que sufrió nuestro país en los 80 y 90)
Pero, ante tamaña desgracia de estos personajes (faltan HORTENCIA SIERRA, LEONOR, ADRIANA y su triste tango, un hermoso homenaje a los desaparecidos) aparecen los otros dos personajes omniscientes: LA FE Y LA ESPERANZA. Cada uno de los personajes de carne y hueso, de ficción o de reconstrucción, en sus historias mínimas, nos van mostrando sus historias de lucha por lograr una vida más digna, por encima de todas las vicisitudes que cada uno de ellos pueda tener. Hay que creer que no todo puede ser así siempre, que cabe la posibilidad de un mundo mejor. No es una obra de tinte político, ni pretende serlo; no es tampoco una obra que se centre en la denuncia social. Son historias cotidianas que nos han contado todos los grandes maestros de la narrativa latinoamericana; pero ahora el contexto ya no está en México, Guatemala, Argentina o Perú. El contexto es ahora los Estados Unidos.
La aparición de algunos personajes “gringos” no perturba la continuidad de la identidad de los narradores. Esto es un síntoma. La sociedad norteamericana paulatinamente se está latinizando. En una entrevista que se le hicieron a EGV por la presentación de su obra EL CORRIDO DE DANTE, EGV nos comenta sobre el gran mercado potencial que tiene USA por la cantidad ingente de latinoamericanos que quieren leerse. De manera tangencial y tal como inferirmos de estos cuentos, la sociedad norteamericana se está latinizando. Ya no es el chicano, un personaje ajeno a aquella sociedad. La sociedad norteamericana es bastante latina en muchos de sus estados. El caso último del ascenso de la primera jueza latina, SONIA SOTOMAYOR, a la Suprema Corte de los Estados Unidos ya nos habla de estos dramáticos cambios en la sociedad gringa.
Los peruanos, mexicanos, guatemaltecos van a este país para realizar sus sueños; pero con ellos va todo aquello que nos caracterizó como sociedad latina: lo real maravilloso, tan bien reflejado en las artes, sobre todo en la literatura. Ya vemos historias que podrían ser la temática de cualquier narración de nuestros países trasladados pero ahora trasladados a un nuevo contexto geográfico. Estas historias no son las mismas de aquellos personajes “agringados” que leemos en libros como MCONDO o SE HABLA ESPAÑOL, relatos compilados por Fuguet o Paz Soldán; los personajes de estas obras tenían mucho de globalizados, típicos de los 90 en pleno proceso de economía de libre mercado. Los personajes de EGV son otros. Son personajes como los vistos en RULFO, GARCÍA MÁRQUEZ, MONTERROSO, ASTURIAS; son personajes que llevan impresos la historia que les tocó vivir.
Un asunto muy relevante: para obtener una lectura más rica y con más carga emocional, los lectores deben tener un conocimiento más extenso de nuestra realidad: los secuestros, los tiempos de sendero, las persecutas, los arquetipos del macho abusivo, el problema de la migra, etc.
El estilo narrativo evoca de EGV a esa forma de relatar que siempre gusta: tal como te gustaría que te cuenten las cosas. La forma coloquial del lenguaje nos acerca al lenguaje hablado. Quizá esto exija leer algunos párrafos de algunos de los cuentos en voz alta de tal manera que podamos percibir el pasar de narrador en narrador y poder ubicarnos en la historia, como sucede en LA MUERTE SE CONFIESA.
Quiero cerrar mi reflexión personal con un cuento que me parece el más redondo por maravilloso, por discursivo y por tierno: LA MUJER DE LA FRONTERA, un cuento que empieza desde lo más tenebroso y se va convirtiendo en un verdadero canto a la vida, al amor, a la esperanza, elementos tan ricos en nuestro imaginario. Y es que la belleza de este cuento se abre con un tan bello epígrafe, el cual nos avisa sobre el mundo tan apasionado que vamos a encontrar. Esta historia me hizo recordar a mi bisabuela materna. Quizá cada uno de sus lectores irá encontrando, a través de este apasionante personaje, a aquellas personas tantas veces postergadas en esta moderna vida rentable: los ancianos.
Cuestión de fe, así se dice.
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