domingo, 12 de julio de 2009

A RÍO REVUELTO..


He dejado de escribir por un par de semanas en mi blog. En este lapso, he sido testigo con ustedes de una serie de eventos que me recuerdan las campañas mediáticas de la época de Fujimori; lo diferente es la presencia del espacio del blog, herramienta con la cual no se contaba en esa década. A través de los blogs, me he enterado con detalles más precisos, lo que la media y la prensa escrita no lo quiere decir o nos lo quiere decir de manera tergiversada. Nunca la prensa tuvo, para su beneplácito, tantos acontecimientos mediáticos tan escabrosos, truculentos y ricos de morbo como para llenar páginas, robar primera plana o llenarnos de reportajes al día para satisfacer nuestra dosis de catarsis barata diaria. Primero, una cantante asesinada en un rara situación de sexo, celos, venganzas y casi olor de santidad (¿una nueva Sarita Colonia?); de pronto, el inefable Rómulo León sale en libertad (eso es lo que le han dado) dentro del marco de luto colectivo, acompañando a Michael Jackson (que arrastró incluso a aquellos que no gustaban de su música y persona). Tanto dolor apabulló nuestra conciencia para alertarnos de lo que el gobierno estaba haciendo para patearnos bajo. Pero no quedó ahí todo este asunto; la campaña de las últimas semanas tras los luctuosos eventos de Bagua (ya nos estamos olvidando..) hizo que el gobierno se sintiera acorralado, quemando naves (como su recién salido gabinete, que hizo agua por todas partes) y moviendo piezas para poder remontar su alicaída imagen; las muertes de ese personaje folclórico y el del bailarín de los 80 permitió una suerte de tregua y liberar ciertas válvulas que esperaban estallar (El embrollo y escándalo de Canaan y León Alegría era en terrenos que fueron parte de la disputa con las etnias de la selva, ¡qué curioso!). Ahora viene un gabinete compuesto de personajes lúmpenes y ameritaban un cortinón. Ya la Urraca había pagado su cuota; ahora damos paso a Abencia, gran pantalla. La multitud ruge delante del penal, no de los ministerios o del Palacio de Gobierno. El adiós de Yehude se opacó por la muerte de un peinador. Notables coincidencias. Luego de haber vivido bajo los lúgubres designios de Montesinos, permítamen decirles que tengo mis más profundas sospechas por las coincidencias. Demasiadas coincidencias.
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