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Trujillo, La Libertad, Peru
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domingo, 24 de marzo de 2019

ENCUENTRO CON DOÑA INÉS DE CASTRO Y DON PEDRO. ENTRAÑAS PORTUGUESAS.





Martes 08 de enero. Nuestra primera salida. Hacia el Norte. Lisboa está cargada de historia, pero todo el país también tiene grandes y bellos espacios históricos como Coimbra, lugar al cual nos íbamos a dirigir. Pero antes nos íbamos a dos bellos lugares: Óbidos y Alcobaça. Nos íbamos a codear con Doña Inés y la locura de Don Pedro, nos íbamos a viajar al viejo mundo lusitano.
Luego de dejar unos papeles urgentes de Maria, salimos hacia el Norte por la autopista nacional A8. Portugal cuenta con una red de autopistas, viaductos, que te comunican rápidamente con todas las ciudades del país. Sin embargo, mantiene una red de carreteras nacionales bien tenidas que son de libre uso, fuera de peaje. Con el fin de ganar tiempo, tomamos esta autopista y pude observar tantas cosas. Hay muchos postes de energía eólica que han cambiado el paisaje de molinos de viento que solían poblar estas zonas. Muchos han dado una nueva forma al mundo rural de ahora y parece ser un proceso irreversible. En algunas zonas del sur de Francia, muchos paisajistas, campesinos y ecologistas se opusieron a esta modalidad por el impacto que iba a ocasionar. Y es cierto. En Perú estamos aún en pañales. Hay una cerca de Poémape, pero el más grande está cerca de Talara y no sé si lo están usando, pues en las dos visitas que hicimos en 2014, estaba en abandono. Una inmensa inversión por nada. He tenido muchas posiciones al respecto. Una vez conversando con un ingeniero me comentó que, pese a ser limpio, es un sistema que se deteriora rápido y se convierte en una inversión costosa. Aparte que se vuelve un riesgo para la fauna animal (las aves). He aquí unos puntos de vista a tomar en cuenta (https://twenergy.com/a/desventajas-de-la-energia-eolica-477) (http://adurcal.com/enlaces/mancomunidad/viabilidad/59.htm). Una vez oí decir que las soluciones de hoy se convierten en los grandes problemas del mañana.
Las grandes carreteras troncales no ingresan, no atraviesan las ciudades; las bordean y solo ingresas por carreteras alternativas. Ese es el gran problema de la famosa Autopista del Sol: cruza Chimbote, Casma, la terrible Barranca. Hacia el Norte cruza Chiclayo, Lambayeque. Mal planificada, pues ralentiza el tráfico ligero y pesado. Y fomenta la mala costumbre de poblar las laterales de las carreteras. Igual Trujillo es cruzada por esta autopista. Hicimos un alto en el camino. Me tocó conducir. En las autopistas sí puedes ir a gran velocidad (más de 130 km.p.h). En las otras carreteras, lo máximo es 90 km. Cruzamos Torres Vedras. Esta parte del país está relativamente más poblada que la del Sur. En el caso nuestro, sí somos un país vacío. Llegamos a la entrada de Óbidos, siempre manejando yo. Es difícil perderse en estas magníficas rutas con toda esa buena señalética. Además, con el GPS y otras bondades, los magníficos mapas ruteros que tienen (es algo que no tenemos en nuestros autos: aquí es normal que tengas dos o tres mapas en tu guantera).



A la entrada de Óbidos hay un estacionamiento en el que dejamos el auto y nuestras cosas (unas pequeñas maletas o mochilas por ese par de días). Hay que tener en cuenta lo siguiente: la península ibérica estuvo sometida bajo dominio musulmán por 8 siglos. Ambos países, Portugal y España tienen una fuerte influencia del mundo árabe, en sus idiomas, en sus artes, en su música, en su comida, construcciones, adaptaciones a los espacios físicos. A su percepción de la vida. Las huellas de esta magnífica cultura se van a ver en todas partes y muchas veces fueron los espacios ganados a ellos, los árabes, los que se van a convertir en fortalezas, iglesias, palacios, castillos, ciudades. Óbidos es una ciudad fortificada, su nombre viene del latín y significa “ciudadela”. Y lo es. Esta zona estaba ocupada antes de la llegada de los romanos. Es un lugar estratégico, pues está relativamente cerca del Océano Atlántico y de una laguna que lleva el mismo nombre. Ha sido, por eso, una zona muy disputada a lo largo de la historia y alguna vez fue un próspero puerto. Ahora la ciudad presenta un bello muro del castillo que encierra a la ciudad (hay que dejar el auto fuera de ella, como Cordes-sur-Ciel en Francia). Para ingresar al casco viejo, lo haces por la Porta da Vila. Desde ahí puedes pasear por los muros de la gran muralla que alejaba a los moros u otros enemigos de este espacio. Luego desciendes para caminar por sus empedradas calles y por cuales solo circulan los autos de los vecinos. Tiene poca población fija, hay varios locales para servicios al turista, como bares, restaurantes, tiendas de suvenires. Nos fuimos hacia la iglesia de la Misericordia (Igreja da Misericórdia), de una fachada simple; el interior es sencillo, ves paredes con azulejos, techo de madera pintada e imágenes religiosas cubiertas de vestimenta morada. Había un Nazareno portando la cruz cubierto de un gran traje púrpura.  A la salida nos dirigimos a otra joyita: la Iglesia de Santa María (Igreja de Santa Maria), su fachada también es discreta y estaba en restauración. Pero el interior sí muy bonito. Para recibirnos, nos topamos con un misterio con un San José muy a la usanza de campesino portugués al igual que el traje que usaba la virgen María. La iglesia está profusamente decorada, pintada por todos los rincones. Fue una muy grata estación en nuestro recorrido.  Frente a esta iglesia hay un chafariz ubicado en la plaza delante de la iglesia. De ahí nos dirigimos hacia el castillo, pero estaba cerrado. Pena. Hubiera sido redonda la visita. Seguimos una caminata por el resto de la muralla y casi a mediodía decidimos y a comer algo y tomar mi pastilla para la presión. Nos fuimos a una pequeña tienda a comprar algunos regalos, como un porta-aceitunas, tan popular en Portugal.    Luego de satisfacer nuestro gusano consumista, nos fuimos a una panadería en la que hacían unos esplendorosos sánguches rellenos de sardina o de carne de cerdo. Ya abastecidos, nos fuimos al auto para dirigirnos a Alcobaça, a encontrarnos con más historia. Aquí dejo algunos datos sobre este bello lugar. (https://miviaje.com/obidos-historia-portugal/)  (https://www.hola.com/viajes/rutas/lugarescuriosos/2004/04/22/10467_ciudad_y_castil.html).







Salí manejando del lugar, mientras Maria daba los últimos detalles a los sánguches. Se veían suculentos. Para ir ganando tiempo, mientras conducía, iba mordiendo el delicioso sánguche de sardina que sabía a cielo. Tomamos la A8 nuevamente para dirigirnos un breve tramo para llegar a nuestro objetivo. Cruzamos Caldas Da Rainha, una ciudad balnearia. Había varios bosques de pinos. Algunos de estos bosques se volvieron pastos de llamas y con algunas víctimas. Muchas personas especularon que estos incendios fueron provocados por los traficantes de terrenos. Como en el Perú. Al retorno de Coimbra, pasamos cerca de Pedrógão Grande, en cuyas cercanías fue el incendio fatal en junio del 2017 (https://elpais.com/internacional/2017/06/18/actualidad/1497804781_758556.html), justo ese año habíamos ido a Laquipampa, el cual iba a sufrir un incendio parecido un mes después de nuestra visita. Coincidencias de la vida.
Llegamos al desvío hacia Alcobaça. A espaldas de nosotros iba la ruta hacia Nazaré, hacia el Atlántico. Nazaré es conocida por tener unas de las olas más grandes del mundo y es el paraíso de los tablistas (https://www.youtube.com/watch?v=3s27tqqDUYo). Seguimos nuestro camino, pues queríamos llegar a Coimbra a una hora prudencial para instalarnos. Seguimos la carretera y dejamos estacionado el auto a una distancia prudente. Caminamos hacia el Monasterio de Santa María de Alcobaça y no imaginé hallar tal belleza. Alcobaça acoge la iglesia más grande de todo Portugal y es el espacio regio para la pareja por la cual ha corrido tinta por el amor que él profesaba a su malograda pareja. Es un monasterio de la edad media, fundado por la orden de los frailes cistercienses bajo el mando del primer rey de Portugal, Alfonso Henriques, en 1153. (https://serturista.com/portugal/monasterio-de-alcobaca-y-la-iglesia-mas-grande-de-portugal/) Los túmulos funerarios de ambos personajes, Inês de Castro y Pedro I, se hallan en la iglesia y se ubican de acuerdo al pedido de este último, de estar frente a frente para que en el juicio final se puedan ver cara a cara en la eternidad. Ambos túmulos son tallados y cargan esta impresionante historia de amor entre la locura y la venganza. El rey Pedro pasó a la historia como “el cruel” por lo que hizo con los asesinos de su amada a la cual coronó como reina en su tumba y la exhibió a la nobleza portuguesa en una macabra ceremonia de besamanos (https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2016-06-18/historia-amor-ines-de-castro-don-pedro-i-de-portugal_1218870/). Semejante historia de amor me la contó Orietta Brusa y ella tenía intenciones de venir a Portugal para ver en directo este precioso lugar. Con Maria la recordamos y nos tomamos una foto para la memoria de ambos reyes y Orietta (https://www.youtube.com/watch?v=bq-jo0-X100). El Mosteiro de Alcobaça es patrimonio de la humanidad y bien vale la visita. Antes de volver al auto, entramos a un café cercano al convento, en el cual había unos postres deliciosos más un buen café, la Pastelería Alcôa.








Regresamos al auto y de ahí nos dirigimos a Coimbra. Cruzamos Leiria. Llegamos a nuestra meta a las 5 y media aproximadamente. Habíamos hecho reserva en el Hotel Ibis, cercano al centro de la ciudad. Al llegar a la ciudad, nos confiamos en el GPS, pero este nos dio una ruta no correcta. Estuvimos dando un par de vueltas hasta que Maria llamó al hotel; estuvimos relativamente cerca del lugar. Instalados en el hotel, vimos qué podíamos hacer en la ciudad al día siguiente y nos fuimos a cenar al Forum Center de la ciudad. Antes de comer, fuimos a comprar algo de ropa interior. Comimos una buena picaña rociada con caipiriñas. Todo este espacio lo hicimos en una buena caminata. Ya estábamos en Coimbra. El miércoles iba a ser un día extraordinario.