El domingo pasado en mi columna semanal había escrito sobre las reacciones generadas en Huanchaco ante las propuestas de renovación del centenario muelle huanchaquero, el que forma parte de la identidad de nuestra ciudad: un visitante aprecia esta antigua villa marina no sólo por su gastronomía, sino por esa identidad espacial ganada con el tiempo, en la cual su muelle actual juega un rol importante. Además, fui invitado a un conversatorio sobre los museos trujillanos y regionales, y la contribución de estos para la sociedad en la que se ubican. Un punto neurálgico que unía ambas situaciones era el turismo, la famosa industria sin chimeneas. El turismo como actividad muy productiva y de largo alcance (involucra muchos actores sociales de una ciudad o región) se ha visto mermado ostensiblemente en Trujillo por diversas razones. Una es la inseguridad que ha ido creciendo y que afecta, incluso, sectores de entretenimiento como discotecas, bares y restaurante, servicios que son claves para una mejor oferta a viajeros de diversos grupos etarios. La extorsión medra también a muchos sectores como hoteles u otros servicios claves que se ven forzados a disminuir su oferta o, en el peor de los casos, cerrar su negocio. El lucro de unos pocos es la ruina de muchos de manera directa o indirecta. Pero, hay otro factor que genera un gran malestar al visitante, tanto nacional como extranjero: la infraestructura vial, su sistema de transporte urbano y las medidas que se toman para enfrentar este problema. Para el turista, pasear por nuestra ciudad visitando sus principales sitios arqueológicos es la constatación de la pesadilla que todos los residentes sufrimos cotidianamente: maltrato físico, de las unidades de transporte público y privado, y riesgo de enfermedades (sobre en el tramo Trujillo – Huanchaco) por la cantidad de polvo que se genera ante el desplazamiento de los vehículos. Si uno ve esta polvareda, uno pone a prueba la salubridad de los numerosos restaurantes que están en la ruta. Pérdidas graves. La situación de las vías en reparación no difiera mucho de lo que encontramos en cientos de calles y avenidas de diversos distritos y urbanizaciones trujillanos. La nula formación cívica de muchos conductores agrava la situación al generar cuellos de botellas ante la ausencia de policías de tránsito que convierten una verdadera odisea la visita a las Huacas del Sol y de la Luna. La presencia de estos policías en determinadas zonas en horas claves mitigaría este problema. El viernes fui prácticamente agredido por un microbusero que abusivamente se metió contra el tráfico en un sector de la Av. América Oeste. Lejos de reconocer su falta, actuó de manera agresiva obstaculizando el tránsito de todos los demás. Peor aún, incitó a otros vehículos a seguir con inconducta. Ese desorden es provocado por nuestra misma actitud individualista, observada por un visitante que nos ve como una ciudad caótica, desorganizada, agresiva.
Este espacio ha sido creado por Gerardo Cailloma con el fin de difundir mis ideas y poder compartir con el que esté interesado temas sobre cine, música, educación, viajes, literatura y todo aquella diletancia que produzca placer estético (como el buen comer)
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- Gerardo Cailloma
- Trujillo, La Libertad, Peru
- Un espacio para mostrar ideas y puntos de vista ligados al arte, a la cultura y la vida de una sociedad tanto peruana como universal
domingo, 17 de mayo de 2026
TURISMO EN RIESGO (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 17 DE MAYO)
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1 comentario:
De acuerdo. Mientras no recuperemos nuestra ciudad, seguiremos como estamos. Hay quienes estamos dispuestos a recuperarla. Saludos.
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