martes, 26 de febrero de 2013

MUJER

Acúdeme también ahora, y líbrame ya

De mis terribles congojas, cúmpleme que logre

Cuanto mi ánimo ansía, y sé en esta guerra

Tú misma mi aliada.

SAFO DE MITILENE (600 a.C.)



Nadie de mí se duela

Por verme atada,

Pues trocaré ser reina

Por ser esclava

ROMANCE 16 al Marqués de la Laguna, SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ

Quizá uno de los más grandes logros del pensamiento humano en los últimos 200 años es el avance arrollador de la mujer en diversos campos del quehacer humano. El rol femenino en muchas actividades humanas fue siempre el de un segundo orden, casi imperceptible y con patrones claramente establecidos por siglos, a lo cual contribuyeron factores culturales reforzados por la marcada división del trabajo basada en la actividad física, así como roles claramente delimitados en el ámbito familiar, a lo cual se adosaba un determinismo científico o religioso. Pero el desarrollo del capitalismo en el siglo XIX fue una gran oportunidad para que de manera consciente o no, la mujer comience a asumir un rol más protagónico en la sociedad; todo esto conllevó a replantear entelequias psicoculturales como es el caso de Género, palabra pobremente limitada a lo sexual, cuando es todo un constructo mental y social en proceso de revisión y que ha recibido más de un ataque artero por parte de personas (no solo hombres), sea por falta de conocimiento o por temor a este mar de oportunidades que se ha ido abriendo a las mujeres en los últimos años. Sociedades, como la nuestra, ven con un poco de recelo cambiar el statu quo, ya sea por poca capacidad de asimilación o, en muchos casos, por un oscuro temor a la competencia.

Decimos 200 años, ya que tomamos como referencia el inicio de la Revolución Industrial: hasta ese entonces el varón era el encargado de mantener el hogar, el trabajo de los demás miembros no pasaba de ser un aporte periférico a la economía de la casa. La aparición de la máquina permitió que lentamente ese sector periférico entrara también en el mercado laboral. Presionar un botón o mover una palanca no era cosa complicada o de gran demanda de fuerza física extraordinaria; de pronto un niño o una mujer también podían acceder a esta novedad: el trabajo asalariado. Es obvio que los primeros empresarios no tenían intenciones de proponer una reivindicación de derechos de la mujer, ni mucho menos; era cuestión de lucro, es más las mujeres recibían un tercio del sueldo de un varón: eran más baratas. Incluso para los pensadores socialistas de esas épocas era raro que se les cruzase por la mente una liberación social y mental de la mujer. Muchas lucharon en solitario, incluso muriendo por la causa de una emancipación femenina: Rosa Luxemburgo (asesinada) o las hermanas Pankhurst (muchas veces ambas en prisión).

Pero la historia de las ideas sobre la identidad del género femenino, del alma femenina, ha tenido una larga evolución desde el mundo helénico hasta nuestros días, en diversos espacios artísticos como intelectuales: desde Hipatia de Alejandría y Safo hasta Sor Juana Inés de la Cruz, desde Santa Teresa de Jesús hasta Marguerite Yourcenar; desde Flora Tristán y Selma Lagerlöf hasta Simone de Beauvoir, Margaret Mead o Susan Sontag; a inicios del siglo XXI occidental, hay un gran camino por recorrer aún. Sin embargo, la dinámica de la sociedad es contundente en los avances vividos; pese a que aún hay sombras oscuras que se ciernen sobre lo recorrido, sea por factores económicos (de apariencia sutil) o por los más terribles centrados en lo dogmático, como los religiosos (talibanes o las ortodoxias monoteístas, incluida el catolicismo). Desde el Informe Hite, la mujer va redescubriéndose a sí misma corpóreamente, y esta identificación de un Yo potencial le permite intentar roles nuevos en nuestra sociedad.

En siglos pasados, la mujer hubo participado en política, economía, ciencia u otros aspectos; muchas veces ella debía asumir un falso rol masculino; tal como lo indicaba María Rostwowroski sobre esas mujeres caudillos que tomaron el liderazgo político militar en el mundo quechua durante la desarticulación de la sociedad inca; casi como una explicación sistémica, el desplome del liderazgo masculino es acometido por el femenino, y así entenderemos a un personaje injustamente olvidado como Micaela Bastida. Cuando dominaba la cultura europea (basada en lo judeocristiano) de todo el mundo occidental, muchas mujeres se transformaron en hombres para poder tener acceso a campos del saber o de otros intereses reservados a los hombres: he ahí las historias de la Monja Alférez (Dominga Gutiérrez Cossio) o Aurora Dupin, convertida en George Sand; o Sidonie Gabrielle Colette, quien como la Sand, gustaba vestir de hombre; muchas vivieron bajo la sombra de grupos intelectuales dominados por varones; pocos conocemos a la pintora impresionista Bertha Morissot, más a Frida Kahlo o Georgia O´Keeffe. Pese a todo, el universo crece: Indira Gandhi, Golda Meir, Ana Pavlova, Madame de Pompadour, Marie Curie, Isadora Duncan, Janis Joplin, Dolores Ibarruri, Margaret Thatcher, Gabriela Mistral, Billie Holliday, Marguerite Duras, Coco Chanel, Edith Piaf, Mae West y miles de mujeres más anónimas ellas como Las locas de la Plaza de Mayo o las campesinas de Ayacucho, quienes gracias a su gestión de creó un museo de la memoria. Interesante es saber que en las sociedades latinoamericanas, identificadas como machistas, las mujeres han ganado un importante terreno político y han presidido varios países como Chile (Michelle Bachelet) o los presiden con sus aciertos y bemoles (Dilma Rousseff del Brasil y Cristina Fernández de Argentina)
Estas películas podrían estar en cualquier otra temática, pero nos muestra una visión particular de la mujer en diversos contextos humanos, desde lo geográfico hasta lo histórico. 




JULIA (FRED ZINNEMANN) (1977). Director comprometido con films enmarcados en intensos conflictos sociales, nos ofrece esta película que nos cuenta la historia de dos amigas, Lillian Hellman y Julia, quienes toman rumbos diferentes en sus vidas y se van a encontrar momentáneamente en una Europa enloquecida por la segunda guerra mundial. Lillian, autora de esta obra llamada Pentimento, va narrando en off la historia en ausencia de su amiga, que había decidido ir a estudiar psicoanálisis con Freud en Viena y ve el crecimiento del oscuro partido nazi. Julia comienza a mover sus vínculos para comprar la liberación y huida de cientos de judíos cuyo futuro era bastante sombrío como ya la historia nos lo ha demostrado. Julia, comunista ella, compromete a todas las personas posibles para esta causa. Sólo Lillian se reencontrará con Julia para identificar su cadáver. Intenso film con una excelente actuación de Vanessa Redgrave. La misma autora del libro ayudó en la construcción del guion.




LUCÍA (HUMBERTO SOLÁS) (1968). Película cubana de gran disyuntiva. Quizá uno de los problemas más grandes y conflictivos para cualquier movimiento hacia la equidad y la justicia es el del género: la posición de la mujer en una nueva sociedad. En este caso, la idealizada por la revolución castrista triunfante en 1959. Así, bajo esta motivación y a través de 3 coyunturas históricas de la sociedad cubana, este film nos muestra a 3 mujeres, Lucía, en 3 momentos históricos y las difíciles situaciones de la mujer en su rol en la sociedad. Los roles que vemos no son estáticos, sino muy dinámicos, como la sociedad misma. Pero, ¿el statu quo? Incluso en la última de las tres historias, ya durante el periodo castrista, el macho no cambia de actitud pese a la nueva ideología que los rodea. Pastor Vega, otro interesante director cubano, hizo un film con el mismo contenido: Retrato de Teresa. En este trabajaba su esposa, quien encarnaba el rol de Teresa. En la película, la madre (actriz) de Teresa le decía que los patrones sociales de género no los cambia “ni Fidel”. Está bien una revolución, pero no tanto. Al 2013, 54 años después, ¿cómo pensamos al respecto?

LA MUJER SIN CABEZA (LUCRECIA MARTEL) (2008) Este film argentino de buena factura es dirigido por una mujer que cosecha sólidos con películas que retratan a la sociedad de clase media de las provincias argentinas. Como mujer, hace la reconstrucción muy sólida de este personaje maduro que se enfrenta a un accidente de carretera provocado por un descuido suyo. Lo que pensaba ser un simple atropello de un animal salvaje, se va convirtiendo en otra triste historia. Verónica, la mujer que “va perdiendo la cabeza”, va temiendo lo peor; pero sus familiares tratan de negar cualquier posibilidad de haber sido la causante de un fatal accidente. Y le van borrando cualquier evidencia para que se olvide del asunto. Sin embargo, la verdad va apareciendo de manera elíptica. ¿Indefensa, testaruda, inútil?

BOQUITAS PINTADAS (LEOPOLDO TORRES NILSSON) (1974) Film basado en la novela de Manuel Puig. La historia transcurre en una ciudad provinciana argentina de los 30. La muerte de un hombre, Juan Carlos, por tuberculosis hace recordar a su ex amada los diversos amores furtivos que Juan sostuvo con diversas prostitutas. Tanto la novela como el film nos muestran la represión sexual castrante sobre las mujeres en las pequeñas ciudades provincianas, acompañada de gente chismosa y frustrada. La mujer que tuvo la mala suerte de ser engañada es censurada cruelmente por las mismas personas de su género. Poca o escasa solidaridad para aquella que se convierte en la comidilla de hombres y mujeres que dicen ser los paradigmas de la moralidad. Ejemplos como estos sobran. La obra del escritor Puig siempre fueron polémicas y otra de ellas, El Beso de la Mujer Araña, fue llevada con éxito al cine por el brasileño Héctor Babenco.

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