jueves, 30 de septiembre de 2010

LA FRANCIA DE JORGE CHÁVEZ

A morir Jorge Chávez un 27 de septiembre de 1910, Francia era una de las potencias gravitantes del mundo. Pese a que tenía la nacionalidad peruana, la visión del mundo de este héroe de la aviación peruana era la de la de un ciudadano francés más. Era de familia acomodada y muy ligado a la buena vida y a la práctica de deportes de aventura.
Pero, ¿cómo era Francia en ese entonces?. La Francia de inicios del XX es una potencia colonial que caminaba hacia la industrialización masiva, como todas las potencias europeas y la incipiente y agresiva potencia norteamericana. La industrialización había permitido que en los países más desarrollados de la época se haya generado toda nueva visión de las ciencias sociales con personajes como Saint Simon, Comte, Marx y Engels. Como una clara demostración de esta industrialización, y como pináculo de la misma, se realiza la famosa Exposición Universal de Paris, inaugurada el 14 de abril de 1900. En esta exposición vemos los avances de la tecnología de entonces, y como cúspide de este desarrollo, se lleva a cabo la iluminación eléctrica de casi todos los edificios de dicha feria, evento que hizo que a Paris se la conociera como la Ciudad Luz. La ciudad veía además un crecimiento urbano ligado a este desarrollo tecnológico en el transporte público, apareciendo nuevas formas arquitectónicas para acoger a estos nuevos medios de movilidad: el metro y su famosa estación diseñada por el arquitecto Héctor Guimard. Este patrón se veía ya en otros grandes contextos urbanos, como el caso de Londres, pero ahora el arte jugaba un rol decisivo como parte de esta identidad de nación poderosa, rica y dominante del tejido geopolítico de entonces. Sin embargo, el contexto mundial de dicha explosión tecnológica va a originar serias tensiones que han de desembocar, una década después, en la Gran Guerra o la Primera Guerra Mundial.
Paris era una de las ciudades más ricas y cultas del mundo, siendo sus únicas rivales, Londres y la naciente Nueva York. Francia veía el crecimiento de sus artes con las que había cerrado el siglo XIX, el impresionismo pictórico y musical, así como las letras en las herencias poéticas de los simbolistas y la herencia novelística de Víctor Hugo. Los pintores como Henri Matisse y André Derain sacudían el mundo artístico de entonces con el movimiento fauvista y las artes visuales así como el diseño de interiores se ve influido por un movimiento aparecido en la Europa central, pero re direccionado por el mundo francés: el art nouveau. Esta bella manifestación va a tener miles de adeptos y seguidores, y el afrancesamiento cultural se va a expandir por todo el orbe: aquí en el Perú tenemos varias manifestaciones de ello en Lima en el Paseo de la República, el entonces Boulevard (palabra francesa) de La Colmena y muchos cientos de edificaciones ya demolidas por la picota. El cine, ese gran invento francés de los hermanos Lumière y convertido en arte por Georges Méliès, también va a crear, así como el subterráneo, nuevas formas edificativas para estas nuevas formas de entretenimiento: las salas de cine. Varios artistas franceses dan la vuelta al mundo, como lo había hecho Gustave Eiffel en el siglo XIX, para dejar su arte en la arquitectura de los lugares que los acogieron. En caso de Lima, por ejemplo, los primeros edificios dedicados a la cinematografía fueron hechos por arquitectos franceses: Émile Robert para el Teatro Segura, y Claude Sahut para el bello Teatro Colón, actualmente venido a menos. Las formas francesas del art nouveau en Trujillo se encuentran, por ejemplo, en el bastante maltratado Edificio Jacobs de la cuadra cinco del Jirón Pizarro de nuestro casco antiguo. Volvamos a Francia: el país y, sobre todo, Paris vivían una época de rara bonanza e, incluso, indiferencia, la Belle Epoque. El crecimiento de una poderosa burguesía industrial y comercial habían permitido cierta calidad de vida para dedicarla al ocio, así surge el gusto por la moda, el teatro, la gastronomía (sí, la que ahora se ha vuelto una gran oportunidad para la sociedad peruana), los casinos, los cabarets y los hipódromos. Aparece el arte del afiche (palabra francesa) para la difusión comercial (uno de ellos fue el gran maestro Toulouse-Lautrec) de los cabarets (otra palabra francesa) y luego se va a hacer extensivo a todo producto comerciable. Surge, entonces, una cultura del ocio, cultura que luego va a ser explotada por la pragmática cultura gringa con la creación de Las Vegas. Paris acoge lentamente casi todo el mundo artístico del orbe, algo no logrado por otra ciudad, ni aun Nueva York en la actualidad. De pronto, las amplias calles parisinas construidas por el genial arquitecto Haussman durante el segundo imperio de Napoleón son ocupadas por automóviles y estos a su vez son retratados por genios como Einsenstaedt o Doisneau. Paris acogió, además, en el 1900 a los Segundos Juegos Olímpicos, los cuales van a tener un largo camino hasta nuestros días. Nadie presagiaba lo sangriento que iba a ser la Gran Guerra. Hacia la mitad de la primera década, un grupo de artistas de la pintura se ponen “al día” con los avances científicos planteados por el físico Einstein; me estoy refiriendo a los cubistas y la relatividad de la perspectiva. Cuando en 1907, Picasso expone “Las señoritas de Aviñón” con el consabido escándalo el arte iba tomando un nuevo camino, como le sucede a la música, a la literatura (en el genio de Marcel Proust), el teatro y la danza con la esplendorosa visita de los ballets rusos, dirigidos por Diaghilev (18 de mayo 1909). Su literatura es reconocida por la Academia Sueca y le otorga dos nobel a dos literatos: Sully Prudhomme (1901) y Frederic Mistral (1904) La industrialización va a generar un paulatino crecimiento de las ciudades europeas, como ya se había visto en el siglo XIX, y esto va a generar el crecimiento de un grupo social que a la larga van a aglutinarse en torno a partidos políticos de izquierda: el proletariado. Este proletariado va a llevar en la tercera década de este siglo a un líder del Frente Popular, Leon Blum.


Francia es una potencia colonialista, tiene una gran presencia en África (Argelia, África Occidental y Ecuatorial), Asia en Indochina, América (Guayana, Martinica, Guadalupe) y Oceanía (Nueva Caledonia, Nuevas Hebridas). Hasta antes de la Segunda Guerra Mundial, Francia tuvo un total de 12 millones 347 mil kilómetros cuadrados de territorio colonial, lo que hacía un total de 8,6 % de la superficie terrestre (incluido el territorio francés). El mundo de ese entonces es muy inestable, sobre todo Europa. La llegada tardía de Alemania a la repartición del mundo y la desintegración del imperio Otomano en el Cercano Oriente van a generar un clima de inseguridad y de guerra permanentemente. Esta situación va a originar una serie de pactos y tratados, con Gran Bretaña (1904) y validar la alianza firmada con Rusia, firmada en 1893. Es el momento de prepararse y no repetir la derrota sufrida en 1870 contra Prusia. La aparición de la tecnología sofisticada genera una nueva plaga que queda hasta nuestros días: el armamentismo y los comerciantes de armas. La demostración de nuevos vehículos sea navales, terrestres o los incipientes aéreos (como los aeroplanos) van acompañados de la idea de convertirlos en una nueva arma. El movimiento artístico llamado Futurismo creado por Marinetti, pronto cae en la deshonra ya que el objeto de su culto, la máquina, se va a convertir en un vehículo de asesinato masivo como se verá en la Gran Guerra.

Hacia 1910, año de nuestro héroe Jorge Chávez, este era el mundo que lo rodeaba.
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