martes, 6 de octubre de 2009

MAESTROS LATINOAMERICANOS



Toda cinematografía (como cualquier quehacer humano) tiene una historia, no ha surgido exnihilo, de la nada. Surge de la presencia de ideas, situaciones y, sobre todo, hombres que, como pioneros, empezaron con sus propuestas a “echar la rueda” de diversas actividades humanas, entre ellas, el cine. El de Sudamérica tiene sus pioneros a largo de su accidentada historia.
En el periodo mudo, casi todas las cinematografías de las naciones de esta parte del mundo veían a varios directores, actores, guionistas, fotógrafos, entre otros, hacer obra. Nuestro país tuvo varias personas imbuidas en la factura de filmes, algunos de los cuales fueron éxitos en su momento. Los avances en los primeros años del cine silente eran notables en nuestros países, ya que la brecha tecnológica no era tan amplia como en la actualidad. La llegada del cine a nuestras ciudades fue bastante fulgurante y el cine llegó por primera vez a Lima en 1897, más exactamente el 02 de enero. Aunque las cámaras de filmación no eran lo pequeñas y prácticas como lo son en la actualidad, muchos países como México, Argentina y Brasil fueron cuna de algunas primeras creaciones notables en la filmografía. Casos como el que el primer largometraje de animación fue creado por primera vez en Argentina (El Apóstol, 1917) u otros datos interesantes y anecdóticos. Pero la gran producción siempre venía de Francia o Estados Unidos, países que hicieron del cine una arte y, sobre todo, un negocio rentable. Además, las condiciones socioeconómicas de nuestros países hicieron que el cine haya tenido por mucho tiempo una elaboración artesanal, más que una industria. Interesante es saber que esta situación de manufactura básica permitía que hubiera incluso una cinematografía regional, pero debido a su carácter de artesanal no permitió un crecimiento del mismo. Era sobre todo un sueño romántico que se fue extinguiendo hacia la aparición del sonoro.
El cine sonoro aleja la producción artesanal y demanda una suerte de “profesionalización” de la cinematografía; ante esta exigencia muchas realidades cinematográficas decaen hasta casi la extinción. Por eso, el paso al sonoro fue más lento por las exigencias técnicas. Así las personas interesadas en el cine se convirtieron en personas que se encargaban en la distribución de cine extranjero que manufactureros. Hacer cine se convirtió en un acto heroico y, pese a las propuestas de algunos gobiernos de hacer un cine nacional para masas, poca gente mantuvo un vivo interés en filmar como sí se hizo en el periodo silente. La presión económica (público consumidor) fue una de las primeras limitantes; la otra fue la censura que se fue desarrollando paulatinamente en los diversos poderes de la sociedad latinoamericana: lo político, lo religioso y los grupos de poder económico se volvieron factores de coerción en la producción cinematográfica. Inicialmente, los filmes en el periodo mudo eran filmes de entretenimiento, históricos, de aventuras y documentales, pocos de ellos tenían un carácter social. A medida que las nuevas técnicas se iban implementando, las temáticas se iban haciendo cada vez más ricas; ahí empezó los primeros choques con las diversas autoridades e intereses. Sobre todo, cuando diversas naciones comenzaron a caer en manos de militares o civiles dictadores. Así pues, los numerosos artistas que veían al arte como una forma de denuncia, se volvieron personajes muy incómodos para las dictaduras de turno. Brasil, Argentina, Chile, vieron su mundo intelectual y artístico bastante diezmado durante las dictaduras de los 60 hasta los 80. Muchos murieron en prisión, otros optaron por el exilio. La efervescencia de los 60 en el mundo generó diversas corrientes, sobre todo en Brasil, Argentina, Perú y Chile, muy ligadas a lo popular. Algo así también pasó en Bolivia, nación que vio un notable surgimiento de un cine con temática indígena como se vio un poco en la fotografía, pintura, literatura e incluso arquitectura en el indigenismo de los años 20 en el Perú. Casos como Miguel Littin, Raúl Ruiz, Glauber Rocha, Jorge Sanjinés, Silvio Caiozzi o Leopoldo Torres Nilsson son los más evidentes, quienes resistieron con sus propuestas de hacer un cine social. En una entrevista hecha a Leopoldo Torres, comentaba cómo la dictadura militar argentina bajo la liberalización de la economía fue estrangulando toda la producción cinematográfica de entonces; cabe recordar que las dictaduras argentinas diezmaron de manera sangrienta el mundo artístico, asesinando algunas personas ligadas al cine como el caso de Raimundo Gleyzer. Muchos de los cineastas se vieron obligados a trabajar en un cine comercial de corte erótico con el fin de sobrevivir. Otros varios se fueron a hacer un cine en el exilio. En Chile, la junta de Pinochet mandó al exilio a muchos artistas del cine, caso Patricio Guzmán, Miguel Littin (este último estaba en proceso de filmar su película LA TIERRA PROMETIDA, la cual finalizó en 1991). El proyecto desarrollado por Unidad Popular fue desarticulado y algunos trabajos fueron concluidos en el exilio. La ley de fomento del cine dada en 1967 se desarticuló del todo en 1974 en la que se liberalizó la economía: caso parecido en el Perú fue con el gobierno de Alberto Fujimori y su ministro de economía de entonces, Carlos Bologna en 1992. En el caso chileno, hubo un cine comercial que sobrevivió por años hasta que el retorno de la democracia permitió que varios cineastas retornaran (aunque en los 80, hubo una amplia amnistía y esto permitió la visita de varios artistas al terruño como músicos, literatos y, obviamente, cineastas). Silvio Caiozzi se quedó en Chile y siguió haciendo cine en su país luchando con la censura de la Junta con formas veladas de crítica social. El caso de Raúl Ruiz ya es definitivo: su cine es del exilio y vive actualmente en Francia, donde tiene una producción prolifera. De ahí en adelante, el cine de nuestros países han tenido diversas trayectorias: para muchas cinematografías el camino ha sido duro, pero han ido contado con el apoyo de entes estatales o de compañías extranjeras que han visto un potencial en los viejos y jóvenes hombres de cine: nuestro reciente éxito LA TETA ASUSTADA es una coproducción española. IBERMEDIA ha sido una de las empresas que ha dado un espaldarazo a varios de los jóvenes o ha concretado sueños de los viejos. Pero esa dependencia puede ser caprichosa o peligrosa, dependiendo como se la vea.

Algunos filmes de interés de estos maestros:
EL CHACAL DE NAHUELTORO MIGUEL LITTIN (1969) Para muchos, la película fundamental del cine chileno de todos los tiempos. La historia del asesino José del Carmen Valenzuela Torres se vuelve un espejo de la pobreza inhumana y violenta de la sociedad chilena. Desnuda la humanidad miserable en la que podemos caer en la desesperación provocada no por tus voluntades, sino la respuesta furtiva ante la injusticia que te coloca en situaciones extremas. Y además de situaciones absurdas como se verán en este film. Duro film como la pobreza misma.

LA TIERRA PROMETIDA MIGUEL LITTIN (1971/1991) Tras su éxito con El Chacal, Salvador Allende, presidente de Chile de entonces, nombra a Littin director de Chile Films. Uno de sus proyectos fue filmar la historia del que fuera el primer gobierno socialista chileno en 1932. Este gobierno fue derrocado y esta historia se vuelve cíclica, puesto que al gobierno de Unidad Popular le va a pasar lo mismo en 1973, cuando Pinochet ejecute su golpe. Littin se va al exilio, a Cuba, y es ahí donde debe terminar su proyecto (en 1991). Es un cine que evoca las propuestas de un cine de actores masivos y se asemeja a un canto coral como los propuestos por Miklos Jancső.

BOQUITAS PINTADAS LEOPOLDO TORRES NILSSON (1974) Basada en la novela de Manuel Puig. La historia transcurre en una ciudad provinciana argentina de los 30. La muerte de un hombre, Juan Carlos, por tuberculosis hace recordar a su ex amada lo diversos amores furtivos que Juan sostuvo con diversas prostitutas. Tanto la novela como el film nos muestran la represión sexual castrante en las pequeñas ciudades provincianas, acompañada de gente chismosa y frustrada. La obra del escritor Puig siempre fueron polémicas y otra de ellas, El Beso de la Mujer Araña, fue llevada con éxito al cine por el brasileño Héctor Babenco.



CACHIMBA SILVIO CAIOZZI (2004) Una simpática comedia de Caiozzi que se volvió todo en éxito de cartelera a su emisión. Un mediocre empleado de banco encuentra accidentalmente una colección de cuadros de un dudoso pintor de los 30. Cual hombre de buen corazón, decide dejar este legado artístico a la nación, pero surge una serie de acciones que ponen en peligro su altruista decisión. Fue todo un éxito comercial en Chile y en otros países y anunciaba un resurgir económico del cine chileno.

MARTIN FIERRO LEOPOLDO TORRES NILSSON (1968) Para este film Torres Nilsson tomó como base el gran poema gauchesco de José Hernández, y tiene por principal actor a Alfredo Alcón como el gaucho. Muchos actores jóvenes se irán forjando en este cine épico como María Aurelia Bisutti, Lautaro Murúa, Leonardo Favio. Martín Fierro fue un personaje mitológico, que había pertenecido a la nobleza agraria argentina y por razones varias del destino, se vuelve desertor, delincuente; pero, a través de él, vemos las injusticias del campo.

JULIO COMIENZA EN JULIO SILVIO CAIOZZI (1976) Una de la obras más exitosas del cine chileno, es una obra que podría ser considerada histórica, pero que en el contexto se utilizó como una descripción critica de una casta social en extinción, en cierta forma. Para su filmación empleó una serie de referentes, guionistas y documentos que describían la vida de los terratenientes de principios del siglo XX, muy parecidos a los teníamos en el Perú antes de la reforma agraria de Velasco. Las costumbres de este grupo social, con sus peculiares percepciones de la vida, sociedad y justicia se ven graficadas a través de un joven que es forzado a hacerse hombre por su edad iniciándolo con prostitutas y burdeles. Cuenta Caiozzi que visitó a muchos de decadentes personajes para hacer una reconstrucción muy detallada de la época, pese al poco respaldo económico con el que contaba. En una entrevista hecha en los 80 por su film, decía que esta obra, de manera velada, describía también a los grupos sociales del Chile actual, con sus traumas y complejos.

GÜEMES LEOPOLDO TORRES NILSSON (1971) La historia del general Martin Miguel de Güemes es llevada a la pantalla para narrar su lucha contra los españoles por la independencia apoyando la campaña de Don José de San Martin. Nuestro director hizo otras obras fílmicas con temas históricos sobre todo centrados en la lucha por la independencia (El Santo de la Espada). La obra está basada en un guión teatral de Juan Carlos Dávalos.
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