Dos sucesos, uno de repercusión nacional y el otro internacional, conmueven e indignan (espero que así sea) a la opinión pública. Los actores involucrados: José Jerí, nuestro presidente interino, y Donald Trump, el díscolo presidente estadounidense. En el caso de Jerí, el papel de presidente de la república le ha quedado demasiado grande y sus diversas acciones han servido sólo para deteriorar más la investidura presidencial. No sólo el escándalo llamado Chifagate ha cuestionado el actuar de este personaje, sino que, a esto se agrega, otro yerro grueso que involucra a una serie de mujeres jóvenes que han obtenido favores con todo el viso de un grueso peculado. La vida personal es algo intocable e irrestricto, siempre y cuando esta no vaya contra los intereses de otros o de la sociedad en conjunto. Su febril actividad amatoria ha atentado contra los intereses nacionales, pues estos favores se han convertido en puestos de trabajo bien remunerados sin ningún control pertinente. ¿Quizás haya intenciones extorsivas por parte alguna de estas jóvenes contra este fogoso presidente o es su simple ardor que lo mueve a cometer torpeza tras torpeza que ya lo convierten es un estadista difícil y hasta ridículo de ser defendido? Cada día la incapacidad de este, sumadas sus aviesas mentiras, nos hace un país cómico, hasta ridículo en la comunidad internacional. Esta situación nos va a pasar factura, es difícil sostener que la sostenibilidad económica no vaya a verse afectada. Salvo otras condiciones que la sostengan como la ilegalidad, por ejemplo; pareciera que ambas van amarradas. Ante la opinión pública, la sostenibilidad presidencial arrastra negativamente a los partidos políticos que lo apoyan, lo validan, lo justifican. “Le gusta el chifa, pues”. El caso de Trump es bastante grave por el caso de los archivos Epstein y pone en entredicho el soporte de muchos personas y líderes religiosos que dieron su abierto apoyo durante sus campañas presidenciales. Los casos de pederastia y pedofilia no sólo arrastran a este cuestionado líder, sino que involucra a una serie de personalidades multimillonarias o poderosas, algunas de las cuales han ido discretamente desapareciendo del mundo de los medios públicos. Estos archivos desnudan, también, la hipocresía de las narrativas construidas en los últimos años de personas conservadoras a ultranza, menoscabando o despotricando las posiciones divergentes y, peor aún, creando enemigos para distracción de la opinión pública. Cambio de reflectores. Frente a esta situación, muchas personas y entidades conservadoras han preferido callar, negar o reaccionar agresivamente. Prima la insensatez y carencia total de empatía. Con todos los problemas internos generados por el comportamiento del ICE y las protestas ciudadanas, ahora se hace necesaria una sólida distracción: ¿una guerra, un derrocamiento, más aranceles? ¿Qué caminos tortuosos irá a tomar su administración?