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Trujillo, La Libertad, Peru
Un espacio para mostrar ideas y puntos de vista ligados al arte, a la cultura y la vida de una sociedad tanto peruana como universal
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sábado, 29 de enero de 2022

CUSCO, EL VALLE SAGRADO (CRÓNICA DE VIAJE)

 




Domingo, 02 de enero. Una simpática visita al Valle Sagrado: Urubamba. En los días anteriores, estuvimos coordinando para ir sea a Maras y Moray, o Chincheros y otras ciudades del valle. El día anterior, Cecilia y Raúl se unieron a la visita y ellos consiguieron una movilidad para poder ir todos juntos con la hija de Ricardo y Verónica. Quedamos en reunirnos todos a las 9 de la mañana en la Plazuela de San Blas. La iglesia está en reparación y hay una paccha muy simpática que la ponen a funcionar a cierta hora. Llegamos temprano con Goyo, luego de nuestro sustancial desayuno. Estuvimos husmeando algunas tiendas para ver qué recuerdos o artesanías llevar a nuestras casas. El día estaba esplendoroso. Llegaron todos y partimos casi a la hora: nos íbamos a Chinchero.

El camino es siempre un regalo a los ojos. Tanto Raúl como Cecilia han ido adaptándose a esta ciudad y la han hecho suya por toda la inmensa red de contactos que han creado a lo largo de los años. Nos iban explicando los logros y espacios ganados para diversos proyectos educativos en la ciudad e, incluso, la región. Cuando hice una visita a Cusco en 1991 antes de mi partida definitiva a Trujillo, estuve con ellos, otros amigos e Ingrid recorriendo algunos lugares (recuerdo que Cecilia había conseguido un Volkswagen y me dio las llaves para conducirlo) del Valle Sagrado que ahora recorreríamos. Pero íbamos a empezar “al revés”: en el 91, cerramos la visita en Chinchero; en el 2022, empezábamos por esta pequeña ciudad. En el camino nos detuvimos a contemplar desde una suerte de parador una serie de montañas que podían observarse con claridad. Así pudimos ver el Salkantay. Recuerdo que en mi viaje a la sierra de Tacna, en el 2013, tuve oportunidad de detenernos en una zona llamada la Apacheta (hay una pequeña capilla) desde la cual podíamos ver la belleza de algunos volcanes (Yukamani y Turukapa); igualmente en el 2015, en el último viaje al Colca, nos detuvimos en Patapampa, en donde hay toda una señalética especial (los volcanes que uno distingue y las alturas de cada uno de ellos); desde ese lugar miras los siguientes volcanes: Misti, Chachani, Ampato, Sabancaya, Hualca Hualca, Chucura, Mismi y Ubinas. En Francia, en los viajes que hice con Melissa e Isabel me han permitido ver lugares con vistas espectaculares potenciadas por servicios que hacen que las personas disfruten del lugar y permanezcan en la zona. También lo vi en Portugal e Israel. En verdad, nuestro país puede crear conceptos paisajísticos como los que vi en Arequipa en el camino al Colca. Lo pueden hacer en Áncash, en la sierra liberteña, los paisajes que vi en mi visita Ayabaca, Huancabamba en Piura; o Cajamarca y la belleza de Balsas. Nuestra geografía es para explotarla sin destruirla: una vez, una chica francesa me dijo hace años, mientras pasábamos de dunas a zonas arbóreas y ríos profundos, que nosotros tenemos un tesoro, sólo falta imaginación y trabajo para hacer de este nuestro mayor recurso. Con la irritante noticia del derrame de petróleo y la inacción de muchas personas frente a este hecho uno puede preguntarse si nosotros, como ciudadanos, nos merecemos un país como este. Esperemos que Cusco haga realidad eso; sin embargo, uno puede constatar la amenaza en ciernes sobre esta zona: el aeropuerto internacional que está construyéndose. Esa realidad ha hecho que el pequeño pueblito que lo recuerdo del 91 y del 2004, ahora sea una amalgama de edificaciones que muestran la equivocada idea de progreso personal y poder, de dinero y de jactancia o exhibicionismo. Como en todas las ciudades peruanas, vemos edificios de tres o cuatro plantas con acabados inconclusos y vidrios polarizados. Terrible.



Antes de llegar a nuestro siguiente destino, vimos a lo lejos la laguna Puray. De ahí, la primera parada para hacer una buena visita fue Chinchero. Un poco antes pudimos ver a lo lejos los trabajos del nuevo aeropuerto internacional; este sí va a impactar en la zona en lo ecológico. Comentaban que, pese a todo, no podrán recibir aviones de gran calado como los jumbos. La construcción de este generó todo un desplazamiento de familias para ocupar sus terrenos; las autoridades sugirieron un modelo de casas para poder tener un espacio orgánico y armónico; pero muchas de las personas han hecho lo de siempre: construir sus terribles edificios inconclusos con sus vidrios pavonados. Terrible. Aquí información de este nuevo aeropuerto: https://portal.mtc.gob.pe/transportes/concesiones/infraestructura_aeroportuaria/aeropuerto_chinchero.html. Arribamos al estacionamiento del Chinchero para dejar la camioneta. La mayoría del grupo decidió ir al mercado, mientras enfilé hacia la iglesia y, en verdad lo digo, descubrí por primera vez el complejo arqueológico. La primera vez llegamos de noche; la segunda vez sólo pude ingresar a la pequeña bella iglesia; pero ahora pude visitar con más detenimiento el sitio arqueológico. No había comprado boleto turístico, pero este era el primer domingo de mes y eso nos permite ingresar libremente a museos públicos y sitios arqueológicos de manejo público. Entré al sitio con el objetivo de ingresar a la iglesia, que era lo que más me interesaba en realidad, sin tener una idea de los restos incas. Aquí información de esta bella iglesia construida, imagino, sobre los restos incaicos como plan de extirpación de idolatría, una política muy usual muy extendida en nuestro territorio (https://www.facebook.com/1857047297910068/posts/2190567127891415/). En Trujillo, la iglesia de Huanchaco está precisamente sobre una huaca. No me permitieron ingresar a la iglesia, pero vi los murales exteriores y estaban restaurados; espero que el interior también lo esté. Pero me fui a ver el sitio incaico: muy buena decisión. Parte de los restos fueron el palacio del inca Túpac Yupanqui (https://tuguia.net/destinos/centro-arqueologico-de-chinchero). Cuando estuve en 2003, había una feria frente a la iglesia; ahora la feria está reubicada. Viendo las fotos que tomé en ese año (2003), las calles de acceso a la plaza estaban al descubierto con acequias en el centro; ahora está todo empedrado y hay muchos negocios de recuerdos. Por cierto, es un centro vivo cultural; se usan los espacios que fueron hechos tanto por incas como por españoles; esa es la atracción que veríamos también, pero con menor fusión, en Ollantaytambo. El grupo estaba merodeando para ver qué podían comprar: Goyo compró un trabajo en metal y Verónica estaba muy entusiasmada por unos tejidos que al final decidió llevar. Una vez concluidas las compras, nos enrumbamos a Ollantaytambo.








A este lugar he ido varias veces, la última en octubre de 2019. Antes de llegar a nuestro siguiente objetivo, Raúl y Cecilia me comentaban del lugar que habían comprado para un futuro. Además, vimos las cápsulas de este novedoso complejo hotelero suspendido en una montaña (Skylodge Adventure). El acceso a Ollantaytambo es simpático y está bastante organizado. En esa oportunidad, subí a las construcciones de este lugar ligado al jefe militar Ollantay. En esta ocasión no iba a ascender nuevamente, pues reconozco que la caminata sí es exhaustiva y no estábamos con mucho tiempo. Esta información es para ahondar en datos de este sitio arqueológico: (https://www.arqueologiadelperu.com/ollantaytambo-la-ciudad-inca-viviente-en-el-valle-sagrado-de-los-incas/?print=pdf)  (https://docplayer.es/37260356-Arqueologia-y-etnohistoria-de-ollantaytambo.html).  El minibús nos dejó en la plaza ferial (entrada al complejo arqueológico) y rodeamos el sitio para curiosear. Como no pensábamos subir, tanto Raúl como Ricardo nos sugirieron nuevos sitios para ver en el pueblo en sí; además unas vistas para mí bastante nuevas del lugar. Ricardo y Verónica se casaron aquí y tienen un recuerdo entrañable del lugar; Goyo y yo nos dejamos llevar, pues, por los dueños de casa. Deambulando por las estrechas calles, en realidad callejones empedrados fuimos conociendo la magia de este lugar preferido por muchos foráneos para quedarse un buen tiempo o definitivamente. Este es el camino, que se le vislumbra parcialmente a otro lugar que tiene características similares: Chachapoyas. Este lugar no solo tiene lugares arqueológicos de impacto, pues cuenta con cataratas, valles, ríos, montañas y otros lugares atractivos que hay que ir poniendo en valor de manera adecuada. Una vez culminada nuestra breve caminata nos fuimos a tomar un par de cervezas a la plaza del lugar en el que hay algunos árboles bizarros. Ya el hambre nos apretaba y decidimos poner pies en polvorosa. Seguimos camino a Pisac. El viaje era un poco largo. Cruzamos Urubamba, vimos ese nuevo museo Inkary hacia lo lejos, luego Calca: el paisaje es generoso en esta zona. A la altura de Calca exactamente una fuerte lluvia comenzó a caer. En realidad, tuvimos bastante suerte, pues no tuvimos lluvia alguna, salvo este domingo. Llegamos a Pisac hacia las tres de la tarde. Verónica nos había comentado de un lugar en el que íbamos a almorzar muy bien. Tal como nos pasó en Ollantaytambo, Pisac iba a ser un punto para reposar y gozar de un buen almuerzo reparador. Al llegar, buscamos un sitio dónde dejar el minibús. Nos dejaron en un sitio para caminar a nuestro destino: El Encanto. Llegamos un poco tarde y la locación era muy especial; nos comenzamos a dar cuenta de que la gente del lugar, incluido los mozos, no usaba mascarilla. Después nos enteramos del fuerte movimiento anti vacuna en esta zona de Cusco. En un principio, pensábamos que no íbamos a almorzar ahí por el desorden de la atención del lugar por lo que fuimos a husmear por ahí y cerca del restaurante había otro local de cerveza casera, Cervecería del Valle Sagrado. Al salir del ambiente cervecero, vimos que ya el grupo estaba instalado en el restaurante, pero no tenían cervezas así que volvimos con Raúl para comprar algunas botellas para nosotros. Fue un almuerzo entretenido con mucha conversación. Terminado todo, decidimos ir a buscar el postre. Raúl comentaba de una señora alemana que hacía postres deliciosos; nos fuimos hacia la plaza principal, Constitución, que están restaurando. Allí nos encontramos con el hijo mayor de Verónica. Luego nos dirigimos hacia la calle Manuel Prado hasta bajar a la avenida Amazonas; vimos el restaurante, el Chijchipa, que había cambiado de propietario. Pedimos los postres y nos fuimos para ya regresar a Cusco. El punto de recojo era cerca del puente sobre el río Vilcanota, a media de cuadra de donde estábamos. Y así comenzamos el famoso ascenso para regresar a nuestro destino final. En el camino nos detuvimos en el Mirador Taray (http://www.viajesmachupicchu.com/valle-sagrado-cusco/valle-sagrado-de-lo-incas-mirador-taray-cusco-sitio-turistico-cusco.html), donde hay un raro monumento en que se ve un abrazo, por eso la llaman El abrazo imposible. Fue un trabajo hecho por la Cervecera Cusqueña. Nos comentaron que ese monumento estaba inicialmente en el barrio San Blas y desencajaba con el entorno del lugar; así que lo removieron y lo colocaron en este lugar. No desentona del todo.







Llegamos a Cusco por el camino por el que pasamos por Puka Pukara, Q´enqo, Sacsayhuaman. Arribamos a San Blas con algunos intentos más de lluvia. Ya en casa de Cecilia y Raúl nos sentamos a conversar un poco más; nos despedimos de Verónica y Ricardo temprano, pues Ricardo viajaba a Lima en el vuelo más temprano. Un poco después, Goyo recibió un mensaje de su hija que no pasó a mayores posteriormente. Así terminamos nuestra reunión PUCP luego de tantas décadas compartiendo experiencias con los cusqueños, comiendo rico, celebrando con buenos vinos, riendo mucho, compartiendo nuestras fotos en redes sociales. Un fuerte abrazo marcó nuestra despedida. Al día siguiente, regresábamos a la costa: Goyo a Lima, yo a Trujillo.





Lunes 03 de agosto: nos levantamos temprano para preparar maletas, dejar todo listo e ir a las últimas compras. Nos fuimos al mercado de San Pedro no sin antes de dejar todo coordinado con Isaac el recojo al aeropuerto. Goyo salió un poco antes y al momento de salir, el conserje del hotel salió a despedirse amablemente y desearnos un feliz retorno. Ya estábamos cerrando un ciclo que había empezado con mucho entusiasmo y algunos contratiempos como mi vuelo cancelado. Ahora ya van quedando en el recuerdo. Fuimos al mercado, Goyo compró sus quesos y luego tomamos un taxi, pues queríamos comprar algunas artesanías en el barrio que las tiene en abundancia: el nuestro que lo fue por casi cinco días. Goyo bajó un poco antes, pues quería hacer el cambio de la punta desgastada de su bastón y yo seguí camino hasta la plaza. Ahí me di cuenta de que no tenía un billete chico, así que me fui a comprar algunas cosas para el viaje y con el cambio, pagué. Ya más tranquilo, comencé a merodear las tiendas; había más tranquilidad que los agitados días de fin de año. Compré mis regalos finales y me fui al hotel a arreglar las últimas cosas. Ya todo listo, esperamos nuestro taxi el cual nos llevó al aeropuerto con buen tiempo. Nos despedíamos de Cusco. En el lugar, hicimos nuestras revisiones finales y las indicaciones que mi destino era Trujillo. Todo marchaba bien. En la sala de espera, me encontré con un amigo de colegio, Héctor Talavera, a quien no veía en años. Sé que un amigo más, Luis Dueñas y su esposa, viven en Cusco; pero no quise arreglar nada con ellos, pues sabía que no iba a cumplir con verlos; la última vez que me comuniqué con ellos fue en 2019 y quedé mal. Igualmente, un exalumno de la universidad en la que trabajaba me mandó un mensaje y le comenté el motivo del viaje, supo comprender. El viaje fue bueno y tranquilo. Llegamos a la hora. A Goyo lo fueron a recoger y nos despedimos con un nuevo fuerte abrazo. Ingresé nuevamente al aeropuerto a Sala de Embarque, todo iba sobre ruedas; tenía hambre así que entré a Tanta a comer algo. Pedí una buena ensalada, un buen jugo y una entrada: papa a la huancaína. Sin darme cuenta, me metí un trozo de papa que estaba muy caliente y me quemó mis papilas gustativas. Ni modo. De pronto, alguien me mandó un mensaje con una foto mía en el lugar: eran dos amigos, Jonathan y Marco, que regresaban de Puno. Estuvimos conversando y Marco me invitó un pisco sour catedral para celebrar el año nuevo. Potente. Medio ebrio de gozo, subí al avión (ventajas de ser adulto mayor en estos casos) para acomodarme. Me encontré con más gente conocida, estaba regresando a casa. Salimos puntuales y llegamos a la hora. Ya en camino a mi hogar fui cerrando este gran reencuentro que espero pronto lo repitamos. ¿Por qué no el Norte playero?







domingo, 16 de enero de 2022

CUSCO, LA RUTA BARROCA

 





Jueves 30 de diciembre. Ruta del Barroco. Por fin, una meta que me había propuesto realizar. Antes de este viaje, me había informado mucho al respecto. Hay una página en Facebook (https://www.facebook.com/rutadelbarrocoandino) que te puede dar muchos datos. Además, en los últimos días estuve leyendo el libro La conquista intelectual del Perú de Luis Martín (es más, llevé el libro al Cusco) que habla sobre la presencia e influencia jesuita en la colonia gracias al famoso colegio San Pablo de Lima, el cual fue clausurado cuando esta congregación fue expulsada por Carlos III. Hay buenas guías de visita de la misma Ruta del Barroco. Esta ruta empieza con la iglesia de la Compañía de la ciudad misma (que visitaría el 01 de enero) y otras tres iglesias en dirección al Sur como yendo a la Cordillera del Vilcanota. En viajes anteriores tuve la oportunidad de ir a la bellísima iglesia de Andahuaylillas (pude fotografiar el interior en una visita en 1991) y siempre es una grata sorpresa. En las conversaciones con el grupete les había hablado sobre esta ruta y los persuadí para poder hacerla. Un día previo a la salida, habíamos coordinado con Isaac, responsable del hotel, para culminar detalles de esta jornada (por ejemplo, dónde almorzar). Chino había hecho otras coordinaciones. Al final veíamos algunas opciones cómodas para poder ir los 4: Verónica, Chino, Goyo y yo. Así logramos un precio módico que nos permitió ir a nuestro ritmo, entrando a diversos lugares de nuestro interés y respetar las pausas para el andar de Goyo. Nos recogió nuestra guía y chofer a las 9 am. Luego pasaríamos a recoger a Chino y Verónica de su casa: era una distancia considerable. Felizmente estaban en la ruta hacia nuestro destino. Ya todos ubicados, iniciamos nuestro periplo a través de la ruta que lleva a Puno, Juliaca y Arequipa. En el camino cruzamos muchos lugares interesantes que ameritan una estancia mayor en Cusco para conocer todos estos espacios cargados de historia. No en vano fue la capital del Imperio Inca, el más grande de América. Muchos nombres los recordaba por mis clases escolares de Historia del Perú (ya más de 50 años) y la lectura del libro La rebelión de Túpac Amaru de Charles Walker, libro que refrescó muchos datos anteriormente aprendidos, pero que dio muchos nuevos detalles de este personaje aún no del todo comprendido. Cruzamos Saylla, Choquepata, Oropesa, Piquillacta, Rumicolca hasta llegar a Andahuaylillas. Recientemente, en 2019 estuve en esta iglesia y siempre hay algo para ver. Recién bajando nos encontramos con Ricardo Chiappe y su esposa María, con su hija y la nieta de ambos. Un encuentro simpático. Estuvimos charlando un rato y quedamos para vernos más tarde (si el cuerpo daba). La iglesia es una verdadera joyita. Extraigo algo de lo escrito en la visita del octubre del 2019: “[..] El siguiente lugar a visitar es la maravillosa iglesia de Andahuaylillas. Ahora la visita ha sido para mí un deslumbrante reencuentro con este bello monumento. Uno ve la iglesia desde afuera y no vislumbra la maravilla que uno va a encontrar en el interior. Es camino al éxtasis. La iglesia muy bien restaurada, muebles, paredes, lienzos, marcos, altares, imágenes; todo restaurado. Ha sido una gratísima visita y me hubiera gustado oír el órgano que fue restaurado con el apoyo del gobierno francés. He visto grabaciones de interpretaciones corales, como Hanan Pacha, en este lugar; imagino cómo se habrán sentido las personas que estuvieron en la entrega-concierto del órgano restaurado para la comunidad. Para estar más tranquilo compré un libro sobre la iglesia, un cd con la música de ese concierto. Fabuloso. (https://www.wmf.org/downloads/World-Monuments-Fund-Fall2011-Newsletter-ESP.pdf). Este otro catálogo que uno debe de leer antes de ir a Cusco y ver otros lugares que, muchas veces, no salen en los paquetes turísticos (http://rutadelbarrocoandino.com/wp-content/uploads/2015/05/AF_RBAnew_catalogo2015_V18_RGB_WEB.pdf). Y para oír Hanan Pacha, este el lugar indicado (https://www.youtube.com/watch?v=S7Z5bf-x2V0). [..]”. Lastimosamente en esta oportunidad no hubo más libros ni CD. Parece ser que se les habían agotado el material bibliográfico. El lugar es bastante fotogénico. El pueblo en sí ha tenido una transformación positiva por el flujo de visitantes. Pero la pandemia los ha golpeado, como cualquier centro que haya dedicado el principal rubro de su actividad económica en el turismo. Esperemos que vaya mejorando. 




Luego de esta pausa, nos embarcamos en nuestro segundo objetivo: habíamos decidido ir a la capilla de Canincunca y la laguna de Urcos ((Qoyllurcocha) y de ahí tomar el camino de retorno a Cusco con parada en Lucre para almorzar en un lugar recomendado. Ahora sí, íbamos por algo nuevo. Esta capillita está muy cerca de la laguna y el pueblo de Urcos. Canincunca significa “cuello mordido” (raro). Está sobre un adoratorio de la cultura Wari, que tuvo una fuerte presencia en la zona (cerca están Piquillacta y Rumicolca). Aunque pequeña, es una joya por la profusión de sus paredes pintadas y su pequeño altar barroco presidido por la Virgen Purificada o Virgen de la Candelaria, como una buena mamacha que caracterizó a la imaginería cusqueña del siglo XVII y XVIII. Las paredes y techo están pintados con detalles naturales; parece que era el estilo de la época y me hizo recordar la bella capilla de La Compañía de Arequipa. Además, tiene muchos detalles que asemejan a la trama de textiles, que era otro detalle de entonces. Interesante. Los textiles eran elementos importantes, poderosos en la cultura local. Lo interesante es también ver el cementerio local que se halla adyacente al conjunto religioso, en una colina; esa distribución le da un aspecto fuera de lo común que marca el paisaje del lugar. Y hacia la mano izquierda, la laguna. Aparte de la página de la Ruta del Barroco, hay un documento de 1980 que describe la reconstrucción de la iglesia. Y han respetado el documento en sí (escrito a máquina de escribir) y vale la pena leerlo:  https://repositorio.cultura.gob.pe/handle/CULTURA/879?locale-attribute=en. Gracias a la iniciativa de Verónica, nos dirigimos hacia la laguna y logramos dar una vuelta al lugar para conocer de más cerca los cambios que está “sufriendo” el lugar: construcciones no muy felices que rompen la armonía del lugar. Hay un raro concepto de modernidad al colocar inmensas construcciones de ladrillo con vidrios traslúcidos de color morado y con paredes sin acabados que comienzan a desentonar agresivamente con el espacio en el que se ubican. Este es un mal en todo nuestro país: el mal gusto y la pésima costumbre de no enlucir paredes laterales e, incluso, principales. Una pena. Y es una amenaza en Cusco: vimos cómo construcciones totalmente fuera de lugar comienzan a crecer como hongos en los diversos barrios de su casco antiguo como San Blas, por ejemplo.







Terminado nuestro recorrido por las estrechas vías que rodean la laguna, nos fuimos a nuestro siguiente objetivo: la Iglesia de Huaro o San Juan Bautista de Huaro. Esta zona fue una reducción de población indígena para su cristianización y asimilación, la iglesia tiene un altar mayor bastante interesante; pero lo más destacado son los murales hechos por un pintor del siglo XVIII: Tadeo Escalante. Los murales tenían esa función de ser muy explícitos con una población que no sabía leer la forma de escrituras, pero sí había una gran capacidad lectora en los murales, los que muestran diversas imágenes de la imaginería religiosa católica de la época. Esto dice un texto al respecto: “[..] El Templo colonial de Huaro, construido entre los siglos XVI y XVII, es de estilo barroco y en su interior se conservan murales empleados durante el proceso de evangelización y firmados en 1802 por el artista cusqueño Tadeo Escalante. Fue el máximo representante del arte mural cusqueño de fines del siglo XVIII e inicios del siglo XIX. Es un verdadero prodigio del arte mural. Los murales miden, aproximadamente, de 3 a 4 metros de largo por 2 metros de altura. El arte es de una belleza desconcertante y terrorífica. [..]” (https://www.fundacionendesa.org/es/prensa/noticias/2014/octubre/templo-juan-bautista#:~:text=Huaro%2C%20Cusco%20(Per%C3%BA)&text=El%20Templo%20colonial%20de%20Huaro,el%20artista%20cusque%C3%B1o%20Tadeo%20Escalante.&text=El%20arte%20es%20de%20una%20belleza%20desconcertante%20y%20terror%C3%ADfica.) Para más lectura, este blog también contiene información interesante: http://blog.pucp.edu.pe/blog/juanluisorrego/2009/02/03/quispicanchi-cuzco-la-iglesia-de-huaro/





Luego de esta visita, nos fuimos en dirección a Rumicolca, lugar que siempre quise visitar en mis anteriores andanzas cusqueñas. El lugar es un asentamiento Wari que, parece ser, tenía por objetivo controlar el acceso hacia el valle cusqueño desde el Sur. Los Inca intervinieron el lugar y usaron las mismas estructuras y las comenzaron a cubrir con piedras pulidas (andesita). Ahora, todo esto es hipotético, pero tiene cierta lógica. Aquí más datos:  https://arqueologiadelperu.com/portada-de-rumiqolqa-ciudad-prehispanica-de-pikillacta-cusco/. El espacio es impresionante y nos permitió ver la laguna de Huacarpay, cerca de Lucre y el hermoso cielo azulado, el cual súbitamente se volvió oscuro y comenzó una tenue lluvia. Por tal motivo, nos fuimos al auto para ir a nuestro siguiente objetivo: almorzar en Lucre. 





Con el fin de cortar camino, nuestra guía tomó un sendero asfaltado que rodeaba dicha laguna que se inicia desde el balneario de Huacarpay. Lucre es famoso por su arroz con pato y la trucha (hay muchas granjas). Como en Trujillo en Los Patos, uno escoge el pez que uno quiere comer: una acción un poco tétrica. Nos habían recomendado el restaurante Cristo Rey: llegamos casi con la lluvia ya desatada; bajamos del auto y nos fuimos a ubicar un lugar guarecido. Parece ser que llegamos un poco tarde, pues el servicio fue lento y los platos tanto de Chino como el mío no fueron buenos. Una pena, pues habíamos puesto mucha expectativa gastronómica. En fin.

Ya cerrando nuestra jornada, nos fuimos en dirección de Oropesa, la ciudad del pan chuta. En nuestra ruta, fuimos a visitar a una compañera de trabajo de Chino y Verónica. No estaba en su casa, pero se aprovechó en comprar un helado como postre. Llegamos a Oropesa ya un poco cansados. Compramos panes grandes que se venden ya embolsados y luego nos fuimos a ver la portada de la iglesia del pueblo. San Salvador de Oropesa es un edificio hecho en piedra y tiene también, como Huaro, un campanario en espadaña. Nos contentaremos con la información que se da de manera virtual: https://www.facebook.com/1857047297910068/posts/templo-de-oropesa-cuscola-iglesia-de-san-salvador-de-oropesa-es-toda-de-piedra-c/2786483344966454/. Aquí más información: http://blog.pucp.edu.pe/blog/juanluisorrego/2009/02/02/quispicanchi-cuzco-la-iglesia-de-oropesa/.




Ya bastante cansados retornamos a Cusco. Dejamos a Chino y Verónica. No estábamos muy seguro de vernos esa noche, pero sí al día siguiente, víspera de Año Nuevo para hacer las compras en el mercado de San Pedro. Llegamos al hotel y Goyo había coordinado con Ricardo y María para verse más tarde. Mi garganta no iba bien. Luego de un buen reposo, quedamos en vernos a las 7:30 pm en el Café Restaurante que se volvió el punto en nuestra permanencia en Cusco: el Café Plaza. Tuvimos una buena y larga conversa, entre chismes, risas y experiencias de nuestros años universitarios. Genial. Momentos que uno debe de tener para saldar vacíos de la memoria. Nos despedimos de ellos y tomamos nuestro usual taxi para ir a descansar. Fin de esta jornada.