domingo, 8 de marzo de 2015

EL CORSO, CORAZÓN DE LA FIESTA

Lunes 16. Nuestro último día.  María tenía que hacer las últimas compras para llevar a Trujillo. Alucinada con los higos, llevó una buena cantidad de estos, pero necesitaba embalarlos. El mercadito central nos proveyó de canastitas para su embalaje, los encurtidos que buscaba y todos los demás suplementos requeridos. En nuestros desayunos en el Hotel El Cabildo, se nos había provisto de mantequilla y queso naturales que abundan en la región. Hablar de Cajamarca y no evocar queso, rosquitas y mantequilla es no haber estado ahí. Un día antes nos habíamos provisto de casi todo, pero faltaban los últimos detalles. César había sido nombrado jurado de los carros alegóricos y logró que se nos invitase al palco del jurado evaluador. Privilegio que le agradezco, ya que las comparsas y autos decorados se detenían delante de nosotros para hacer sus piruetas y arreglos. El punto de reunión era en el óvalo de la Música a las 9 am. Terminamos con las compras y nos dirigimos en un taxi al punto acordado. Las calles ya estaban cerradas, por lo que tuvimos que caminar un buen trecho, casi 10 cuadras (o más, ya que no eran tales) hasta llegar al estrado que nos correspondía. Fuimos guiados por los amigos de César, quienes cordialmente nos indicaban detalles del evento. Sí molestó la demora del inicio. Era increíble que faltando minutos para el supuesto inicio del desfile a las 10 am, había aún gente que llegaba campante al lugar de encuentro de las comparsas. Tengo entendido que el Patronato del Carnaval quiere convertir este evento en patrimonio. Hay mucho camino por recorrer, desde la puntualidad hasta la infraestructura sobre la que el público en general se sienta. Cuando uno iba atravesando el lugar designado para este corso con patrullas y comparsas, el perímetro del Complejo Qhapac Ñam, veía las instalaciones para el público de lo más variopintas e, incluso, algunas bastante inseguras. Hay varias detalles que deben tomarse en cuenta para lograr su reconocimiento como es el de las facilidades del público (SS.HH. uno de ellos, vital) que eviten que genere un caos. El dispendio de comida es otra cosa riesgosa; sé que la gente se gana la vida así, pero todos esos alimentos expuestos a la intemperie, muchas veces mojados por los carnavaleros, expuestos a la tierra y otras cosas (los caballos hacían sus deposiciones sobre la ruta). Hay que tomar eso en cuenta.
Antes de empezar, y como es costumbre, antes que perder en la inversión, los dueños de diversos palcos comenzaron a bajar sus precios. Es por eso que minutos antes veías a la gente haciendo transacciones mientras que la comparsa inicial marcaba el compás de lo que vendría. 

Y así empezó la fiesta. Empezaron los del Patronato, inaugurando con buen pie el corso. Luego pasaron diversos barrios de la ciudad, comparsas que habían competido el día anterior cuando desfilaron en el Centro Histórico. Podíamos presenciar el trabajo de varias patrullas. Participaron casi todas las organizaciones de la ciudad, incluida la policía y ejército. Simpático. Los del ejército simbolizaron la caída de Atahualpa, las tropas conquistadoras. Hubo creatividad en trajes, la idea es rescatar ese patrimonio intangible que es la cultura de un pueblo y que muchas veces dejamos de lado por el asombro, muchas veces no justificado, de la modernidad.









Solo dos puntos que deben observar: la duración de este desfile (nos fuimos sin aún haya terminado) el cual debe concentrar calidad; y un detalle que se dijo se iba a respetar: el juego con agua contra los carros alegóricos. Fui testigo de cómo una reina recibía una fuerte bomba de agua contra la cara, lo que generó una fuerte protesta de varios; pero no de todos, para otros les pareció gracioso que una persona que está poco segura subida en un auto reciba sorpresivamente un globazo para el deleite de los demás. Eso me parece una salvajada y son costumbres que se deben cambiar. Es un principio de seguridad.

Cerca de las 6 pm nos retiramos del lugar y caminamos cierto trecho. Hallamos un taxi y quiso cobrarnos para llevarnos al hotel una suma exorbitante. Luego hallamos una moto taxi. Con este medio salimos del lugar y nos dirigimos a nuestro hotel para arreglar nuestras cosas. No nos pudimos despedir de César, puesto que estuvieron debatiendo hasta más allá de las 11 de la noche sobre los resultados. 











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