lunes, 20 de enero de 2014

EL CINE Y LA GRAN GUERRA

Este año Europa y el mundo se preparan para conmemorar el primer centenario de la declaración de guerra entre el extinto Imperio austro-húngaro contra Serbia. Esa declaración de guerra marca el fin de un ciclo de la humanidad y el cambio de estructuras sociales, políticas y económicas globales. Fue, además, la primera manifestación de globalización efectiva: la primera conflagración mundial que, una vez concluida, había cambiado el mapa geopolítico mundial, con la desaparición de dos grandes imperios y la aparición de diversos países como Polonia; la implantación de las raíces de dos movimientos políticos tenebrosos, como el fascismo y el nazismo; la aniquilación de una familia imperial  y la caída de varias dinastías, y la aparición del primer estado comunista (Unión Soviética); la primera guerra de grandes masacres (que se “perfeccionarán” en la segunda guerra mundial); y los Estados Unidos desplaza al Imperio inglés como primera potencia mundial. Es la primera gran muestra de la globalización efectiva de nefastas consecuencias. Extrañamente el campo de acción bélico fue bastante reducido (en comparación de la segunda guerra mundial, veinte años después): el campo de batalla se circunscribió al noreste de Francia, parte del territorio belga, en algunas regiones de Polonia, norte de Italia y zonas focalizadas en Serbia. Por los detalles expuestos sobre los costos y pérdidas de la maquinaria productiva de cada nación envuelta en este conflicto, la guerra no significó muchas alteraciones en sus economías. Muchas florecieron y recobraron su brío pocos años después. El injusto castigo impuesto a Alemania por sus intenciones de querer entrar en el grupo de los grandes imperios no fue por causas de tener que pagar las pérdidas ocasionadas a los países vencedores del conflicto. Esta acción va a generar en el país teutón un fuerte desasosiego social, crisis económica y la aparición de propuestas sociopolíticas extremas.  Además, la primera guerra mundial es una guerra de medios que convocan, persuaden, seducen a los hombres a ir al campo de batalla; es una guerra en la que la información es recibida por los medios impresos, que también fungen de propaganda; y los líderes gubernamentales se ven pronto envueltos en la contienda de manera excesivamente expuesta. Se dirigen a sus pueblos, son cabeza de una campaña enfervorizada contra el enemigo. Es una guerra en la mente de la gente. De ahí su gran repercusión. Es una guerra de los pobres y los ciudadanos de pie que van a caer en las terribles trincheras de Verdún, Somme, Loos u otros nombres que causan una dolorosa recordación. Entre las consecuencias, una vez terminado el conflicto, se tiene un nuevo mapa de Europa con la desaparición del gran Imperio Austro-Húngaro y el Imperio Otomano, así como la transformación del extenso Imperio Ruso en un conglomerado de soviets que se convertirá en la Unión Soviética;  la fugaz aparición de la joven Alemania en el concierto mundial y su absurda rendición en esta guerra traerán lamentables secuelas a toda Europa y el mundo en general un par de décadas posteriores; irónicamente los dos imperios coloniales dominantes en ese entonces,  Gran Bretaña y Francia, alcanzan su cenit, pero también inician su acelerada decadencia. Francia se vio debilitada por esta guerra en cuanto a sus planes geopolíticos, mientras que Gran Bretaña se vio algo favorecida por la anexión de los territorios perdidos por la desaparición del Imperio Otomano. Pero la intervención de los Estados Unidos en suelo europeo ya es un indicio de lo que vendría. Esta guerra replantea los roles continentales. EEUU, un país de ultramar, interviene por primera vez en Europa, lo que lo convierte en una gran potencia del orbe; por otro lado, vemos los inicios de la expansión japonesa en Asia y un hecho importante: la amenazante realidad comunista que tuvo su primera manifestación concreta en la Rusia de entonces. En muchas partes, posteriormente durante los años 20, la bandera roja flamea en lugares tan diversos como el ayuntamiento de Glasgow en Escocia, en fábricas italianas o en las duras huelgas generales en Gran Bretaña, Francia o Alemania. El peligro rojo precipita el surgimiento del fascismo y el nazismo. La intelectualidad europea de esas décadas participó directa o indirectamente en la conflagración. Artistas y escritores fueron enviados al frente y ellos mostraron, a través de sus diarios, novelas, poemas o ensayos, l´état d´esprit, el estado del espíritu de la época, de su tiempo. Así, por el lado francés, tenemos una vasta producción literaria hecha por autores como los poetas Louis Aragon y Guillermo Apollinaire, los novelistas Marcel Proust, Romain Rolland, Céline, el artista multifacético Jean Cocteau, entre otros.  Los desgarradores manifiestos en pinturas, novelas, poemas, crónicas de guerra o partes periodísticos nos muestran la crueldad de esta contienda, el sinsabor de saberse abandonados en medio de bombardeos de obuses o francotiradores. Testimonios como Viaje al fin de la noche de Céline o varios poemas del poemario Caligramas de Apollinaire nos muestran la condición y soledad de hombres que fueron al campo de batalla con una ilusión y que van descubriendo amargamente que son olvidados o carne de cañón. Muchos de ellos cayeron heridos y acentuaron su espíritu antimilitarista o antisistema. Pero la campaña de adormecimiento civil acalló a las mentes pacifistas y predominó el espíritu bélico. Gran Bretaña envía a poetas o hijos de grandes pensadores. El poeta Robert Graves sobrevive a la batalla de Loos, pero el hijo de Rudyard Kipling, John, morirá en combate, como le sucedió a la joven promesa Rupert Brooke. Coincidencias de la vida: el famoso poema If fue dedicado especialmente por Kipling para su hijo. Kipling, un hombre que creía en la grandeza del imperio, que apostó por la misión salvadora de su nación y que había usado su influencia para apoyar a su hijo, miope y limitado para las órdenes, se vio con la triste realidad de que su hijo varón había sido una víctima más de esta hecatombe humana. Su cuerpo jamás será hallado, pese a las gestiones de su desamparado padre. A pesar de todo, siguió apoyando la causa a través de los medios, como hicieron también Arthur Conan Doyle, H. G. Wells y Chesterton. Este último se prestó para reclutar a irlandeses, católicos, bajo el mando británico. Se estaba creando el odio contra los bárbaros teutones. Pero por el lado alemán, también su intelectualidad se ve envuelta en esta fiebre bélica. Dos grandes voces sobrevivientes, pacifistas a su manera, escriben notables novelas que conmoverán al mundo: Sin novedad en el frente (im Westens nichst neues) de Erich Maria Remarque y Tormentas de Acero (In Stahlgewitter) de Ernst Jünger. La segunda novela fascinó a muchas personas ligadas al nazismo, pero siempre el autor se mostró independiente y sobrevivió como pudo a la locura nazi; mientras que la primera novela y su autor sacaron provecho al espíritu antibélico de postguerra y se asentó en los Estados Unidos para vivir cómodamente su sueño americano gracias a las regalías obtenidas por la venta de los derechos de su novela al cine de Hollywood. Hubo también personajes polémicos que ensalzaron la guerra, como Gabrielle D´Annunzio, poeta que con sus ideas no solo artísticas, sino políticas han de crear las bases de otra lacra que llevará a Europa a una segunda guerra mundial: el fascismo. Para este poeta, la Gran Guerra era una forma de galantería. Amaba su posición de subteniente en la guerra. Pero por otro lado, otros literatos venidos de América describirán a esta como una acción incomprensible para el genio humano: Hemingway. El mundo del arte que se había entusiasmado con el desarrollo de la máquina (maquinismo) cambia su materia de trabajo, tras haber contemplado que aquellas máquinas invencibles no lo eran tal (hundimiento del Titanic) o se volvían contra sus creadores, como el caso de las nuevas máquinas voladoras, los aviones. Este acontecimiento creó un nuevo mapa europeo y mundial por dos décadas. Y el mundo pronto se verá envuelto en nuevos y graves problemas sociales, políticos y económicos. El gran crack capitalista del 29 en EE.UU. tocará las puertas de Europa y golpeará a las poblaciones más vulnerables, como sucedió  con Alemania y su famosa hiperinflación; y con esta situación, vendrá un salvador: Hitler. El resto ya es historia.

 LA  GRANDE ILLUSION (LA GRAN ILUSIÓN) JEAN RENOIR 1937  La película antibélica por antonomasia dirigida por Jean Renoir, hijo del famoso pintor del impresionismo, Auguste Renoir. Europa estaba al borde de la guerra, los vientos bélicos se venían venir. Los artistas pacifistas de la época lanzaban sus manifiestos en contra de las fuerzas avasalladoras que ascendían en Italia y Alemania. Y la historia se encargó de demostrar que no lograron su objetivo: dos años después, un 1 de septiembre, la locura se formalizó. Abel Gance había hecho una película conmovedora, Yo acuso, en la cual todos los muertos en la batalla de Verdún se levantaban e iban a sus casas (de ambos frentes, durante la Primera Guerra Mundial) a reclamarles el porqué de la acción de sus familiares y a confrontarlos por el inútil sacrificio de sus vidas dos décadas antes. Las escenas son burdas, pero emotivas. Renoir era un director provocador, veía las fracturas de una sociedad que se preocupaba por formalidades absurdas más que el rescate de los valores humanos vitales; logró    reunir en plena tensión geopolítica a actores de ambas naciones, como es el caso de Erich Von Stroheim – Rauffenstein en la película- Jean Gabin, Dalio (que hace el rol de un judío, situación tan escabrosa para el momento, cuando en toda Europa se hablaba de las políticas antisemitas). Llegó a sus límites cuando muestra la convivencia de un soldado francés (Gabin) con una campesina alemana (Dita Parlo) chocó contra la intolerancia que se vivía en ese entonces, cuando todos sospechaban de todos. Es por eso que muchos países la prohibieron y recién se pudo verla tras el fin de la guerra. Además, muestra la marcada decadencia de castas que fueron arrasadas una vez concluido el conflicto. Tanto Rauffenstein como Boëldieu encarnaban una aristocracia militar decadente y totalmente desbordada por el apabullante desarrollo tecnológico, pero regida por formalismos y convenciones de “caballeros” que sucumbirán en la guerra moderna; así lo van  a demostrar Petain y Gamelin en su pobre desempeño en la segunda guerra mundial. La historia sí sucedió y muchos quisieron negarla por lo incómoda que resultaba para el momento. Hubo varios casos verdaderos, que mostraron que el sentido humano estaba más allá de las ambiciones en juego, habida cuenta que muchas de estas guerras eran declaradas más por pactos con otras naciones que por una acción directa contra la nación en la que vivían. Un caso parecido se muestra en la película Joyeux Noël, en el que la noche de navidad del primer año de conflicto, soldados alemanes, franceses y escoceses bajaron las armas para vivir un momento de paz. Todas las tropas y sus jefes fueron sancionados y removidos de la zona.

ALL QUIET ON THE WESTERN FRONT (SIN NOVEDAD EN EL FRENTE) LEWIS MILESTONE 1929-1930 Este bello filme anti bélico está basado en la novela del alemán Erich Maria Remarque, quien aprovechó el espíritu antibélico y neutral de los norteamericanos luego de unos años de concluida la Gran Guerra. El film nos muestra inicialmente el espíritu explosivo y jubiloso durante el reclutamiento de jóvenes en un liceo, incluso promovido por varios profesores, salvo alguno que otro; la algarabía y la excitación no dejaban ver la sinrazón de una guerra: una sociedad inflamada de orgullo nacionalista envía a su población juvenil a una masacre segura. Cuando los jóvenes reclutas se encuentran con los veteranos, estos se encargan de “bajarlos a tierra” y comienzan  a ver la crueldad y crudeza de la guerra. El mundo estaba susceptible a estos hechos, puesto que hacía 10 años había concluido la Gran Guerra, por eso el impacto en la sociedad norteamericana, quien no dudó en otorgarle el Óscar a la mejor película en 1930. Sin embargo, pese a las muchas películas que criticaban las guerras, nueve años después el mundo se dirigía penosamente hacia una segunda.

PATHS OF GLORY (LA PATRULLA INFERNAL) STANLEY KUBRICK 1957 Este film está basado en hechos reales, lo que motivó que sea censurado por el gobierno francés, por el gobierno español, en ese entonces encabezado por el tirano Francisco Franco, (quien se dice fue directamente afectado); y por todos los círculos militares norteamericanos. Tal como le sucedió  a la novela LA CIUDAD Y LOS PERROS (que fue quemada y prohibida en los colegios militares peruanos), el halo de prohibición acrecentó la fama de este film. Esta película es una abierta denuncia a la casta militar y su verticalidad, la falsa idea del patriotismo y los excesos que se cometen en cualquier conflicto armado. Muchos ven en este film el delicado y preciso movimiento macabro y frío de piezas de ajedrez al que someten un ejército, un batallón o un pelotón de soldados para lograr su objetivo, por eso los descarna de cualquier elemento sentimental, el cual sólo hallamos hacia el final de la película. El propósito del film es denunciar y denostar la fría maquinaria del poder y su manipulación de los seres humanos, en este caso, soldados. Está inspirado en un hecho real, una ejecución de cuatro soldados  de la Brigada 119 del ejército francés. En la historia real, las familias de los cuatro soldados lograron que la memoria de los mismos fuese recuperada, pese a que las familias recibieron una pobre indemnización. La práctica de fusilar soldados de manera aleatoria era una forma de sancionar la indisciplina (en cualquiera de sus manifestaciones) a todo el batallón. Como los romanos solían diezmar (matar un soldado de cada diez) para dar una lección a sus legiones. Hubo muchos problemas para su rodaje. En Francia sólo pudo estrenarse el film completamente en 1972.

LAWRENCE OF ARABIA (LAWRENCE DE ARABIA) DAVID LEAN 1962 Este film narra la historia de Lawrence en su misión de hacer contacto con las diversas tribus árabes y aglutinarlas contra el Imperio Otomano durante la I Guerra Mundial. A través de él (Lawrence) vemos a un pueblo con un amplio sentido de libertad, quizá producto de ese ambiente tan sobrecogedor que es el desierto en su terrible belleza. La fuerza de un hombre rayano a la obstinación hace que sus metas se hagan realidad. Llegar a Aqaba, cruzar el desierto hasta llegar al canal de Suez, luchar con las tribus y luego contra los turcos, acción que lo arrastra a las honduras de su alma (como Roger Casement en El sueño del celta) lo van pintando en cuerpo entero. Pero su acción, lejos de lograr la ansiada libertad y triunfo contra los otomanos, tristemente todas las promesas ofrecidas por él a los árabes sobre su independencia no fueron sino otorgadas hasta después de la II Guerra Mundial. Esta bella película, con el recientemente fallecido Peter O`Toole, Omar Shariff y Alec Guiness, presenta las más bellas escenas de un desierto, espacio muchas veces visto como poco atractivo y bastante traicionero; y estas poderosas escenas son acentuadas con la banda sonora compuesta por Jarré.

THE AFRICAN QUEEN (LA REINA AFRICANA) JOHN HUSTON 1951 Debido a la acción de censura que sufrió una de sus películas, La Roja Insignia del Valor, (filme que denuncia las absurdas situaciones del valor y la franca reacción de la cobardía frente a la guerra), Huston se aleja de Norteamérica y recala en África, donde dirige este film que es una de sus obras maestras. El film es también la oportunidad de reunir a dos grandes actores y una acción de aventura muy simpática: Dos personajes antagónicos, una misionera (Katherine Hepburn) y un aventurero borrachín (Humphrey Bogart) llevan a cabo la más absurda misión durante la lucha entre las potencias en las colonias africanas durante la primera guerra mundial: el hundimiento de un barco de guerra. La historia es bastante ágil, divertida y tiene en esta pareja la cumbre de la actuación de aventura y amor; y además con un triunfo irrisorio que trae más a la risa que al coraje de haber triunfado. Parece ser que la conversión de esta aburrida novela de C. E. Forrester se logra por la feliz consecución del talento de los actores y por el quizá espíritu festivo de Huston. La película no deja de tener un sentido de sorna que nos hace pensar que nuestro director se la pasó riendo a lo largo de la filmación. La escena del izamiento del pabellón británico o el hundimiento de su objetivo son francamente una burla solapada a los hechos de los hombres. Es todo un clásico.
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