martes, 1 de mayo de 2012

OSWALDO REYNOSO EN LA UPN TRUJILLO


El día viernes 27 de abril tuvimos como invitado de lujo en nuestra Universidad al escritor Oswaldo Reynoso gracias a la gestión de Mauricio Málaga y la Editorial San Marcos, empresa representada por Mauricio en nuestra ciudad. Esta visita está dentro de un marco del plan lector que nuestro Dpto. en el área de Lengua ha desarrollado por varios años. Para este año académico tenemos como proyecto trabajar dos autores urbanos. Oswaldo Reynoso es el primero. Nuestros jóvenes deben leer un texto de este autor dependiendo el curso que lleven (se escogió LOS INOCENTES y EN OCTUBRE NO HAY MILAGROS); el texto LOS INOCENTE fue acompañada por un puesta en escena de la misma obra con un inusitado éxito, tanto por la propuesta en sí, como la calidad de los actores y la polémica generada entre los alumnos que fueron a verla (casi mil quinientos alumnos). http://www.youtube.com/watch?v=_mOjWezM3g8&feature=g-upl&context=G2700a14AUAAAAAAAAAA
Y para redondear, una conversación amena, franca y directa con el autor mismo, tanto sobre su vida como su obra en sí.
La presentación de Reynoso se realizó en dos turnos. Lastimosamente nuestra Sala de Conferencias no reúne las condiciones para poder alojar a más de mil ochocientos estudiantes que han leído uno de los dos textos (algunos ya han leído los dos, motivados por la obra de teatro). Así que se procedió a seleccionar a algunos alumnos para que “representen” a sus demás compañeros en dichos conversatorios. La organización y las instalaciones estuvieron correctas, y los eventos se realizaron sin contratiempos.
El primero se realizó por la mañana. Oswaldo es una fuente de anécdotas y experiencias que hicieron muy divertida y dinámica el conversatorio. Primero habló de él como persona y luego como creador. Fue muy puntual al diferenciar las palabras “escritor” con creador”. El artista no es escritor, palabra que está ligada a toda aquella persona que escribe, sea su obra arte o no. Él se reconoce como artista, como “creador”. La palabra “escritor” limita al artista a hacer una producción que no necesariamente esté ligada al arte como el ensayista o periodista. Narró sus experiencias como conferencista y contó una que arrancó muchos aplausos espontáneos de los alumnos: cuenta que una vez fue a un colegio para hablar sobre LOS INOCENTES; todo transcurría en la normalidad hasta que una alumna le hizo pedido extraordinario: un regalo para Colorete, uno de los personajes de la obra. Los chicos compañeros de la alumna hicieron chacota y el mismo autor la quiso desalentar en su empresa. Le dijo que el personaje era una ficción literaria; ella replicó si este personaje no había surgido de uno de sus amigos; Reynoso replicó que sí hubo una inspiración, pero que dicho personaje ya peinaba posiblemente canas como él, sino estaba muerto. Insistió ella en darle el regalo y él le respondió que le dé un plazo de una semana para buscarlo y darle el regalo; si no lo hallaba, lo tomaría él. Reynoso respetó sus palabras comprometidas y esperó la semana, sabiendo el final. Al finalizar el plazo, abrió el regalo y en él había un bombón. Nunca en su vida había comido un bombón más delicioso que ese. También tuvo algunos tristes desencuentros con autoridades escolares, sobre todo en colegios religiosos o en aquellos en que la educación es excesivamente vertical. Hubo casos anecdóticos como el hecho de haber sido invitado por las autoridades de un colegio y, en el transcurso del diálogo con los alumnos, las autoridades le iban dando la espalda y salía con “olor en santidad” vitoreado por los alumnos. Ahora, luego de 50 años de publicada su pequeña novela escandalosa, colegios religiosos lo invitan e, incluso, en una genial anécdota, lo hacen partícipe de eventos religiosos, como el que le sucedió en Huancayo durante una procesión del Señor de los Milagros. Las autoridades educativas del colegio lo invitan, a pesar de saber que es ateo, a que presencie el paso de la imagen en la suerte de estrado oficial que se había hecho para la ocasión. Y no sólo eso, sino que tenía que permanecer al lado del altar que se había colocado ex profeso. Me hizo recordar al personaje suyo, Don Manuel de En octubre no hay milagros,  que miraba el paso de la procesión desde un balcón privilegiado de las antiguas familias oligarcas de nuestro país de los 50. Y más anecdótico aún saber que su mismo libro, así como le sucedió a MVLL con La ciudad y los perros, lo iban a condenar a la hoguera en plenas festividades moradas. Ironías de la vida.

Por la tarde, Reynoso se centró en hablar en, para mí, su obra cumbre: En octubre no hay milagros. La construcción de la historia en historias paralelas y distantes (realidades económicas de una ciudad emergente como lo era Lima en los 50 – cierta analogía con el Trujillo de inicios del XXI-); realidades aparentemente dislocadas, personajes que se van entrelazando en un campo gris como lo fue, es y será siempre Lima. Rememorando a Joyce y su Ulises, Reynoso cuenta las historias de un gran psique urbana en sólo 18 horas; se desnuda en realidades violentas, cargadas de frustraciones y oscuros manejos del poder. Y el hilo conductor lo es la ciudad, el mes, un evento religioso que estratifica en ese reducido espacio todas las realidades socioeconómicas del Perú de entonces. Aunque Reynoso rechaza encasillar su novela a ese espacio histórico que fueron los 50 en nuestro país, la novela rezuma mucho las características históricas de sus tiempos. Una oligarquía xenófoba, enemiga de los capitales foráneos, monopolizadores económicos y políticos que van a derrumbarse lentamente hasta la estocada de Velasco y su golpe militar. Vemos a una Lima emergente, arribista, inescrupulosa; violenta, frustrada pero sensual, con sexualidad explosiva que se manifiesta abiertamente en los lugares tumultuosos para sobarse sin enfado entre hombres y mujeres, la mañosería a la orden del día. Además, las propuestas políticas desinfladas por una ley o por un varazo policial. Los asesinatos políticos que aún quedan en retinas como las nuestras (los grupos Colinas están al acecho). Su técnica narrativa micro espacial fue trabajada posteriormente por MVLL en su gran obra La casa verde; en esta última los espacios no se circunscriben a una ciudad; ya hablamos de realidades geográficas más lejanas, Piura, la selva.  
Aunque las dos sesiones no se las puede llamar conversatorio, sino interrogatorio, las preguntas formuladas por los alumnos fueron bastante interesantes y que Reynoso respondió con anécdotas y datos personales. Hubo varias, pero las focalizaré en las del uso de lenguaje, la construcción del personaje y su actividad creadora: la primera fue la que marcó la revolución en la acartonada literatura peruana de esos años. Trasladar el lenguaje de la calle, el umgangsprache de la gente, lenguaje familiar, el creativo, el que va entornando las palabras, lo que lo hace rico, expresivo. Como decía Reynoso, no el lenguaje del diccionario que es el “cementerio de las palabras” sino el cotidiano; el habla es permanentemente poética, estamos creando todos los días. Cuando iba dando respuesta a estas preguntas, recordaba a Julio Hevia en su libro ¡Habla, jugador!, libro que reflexiona sobre la jerga peruana. Pero sí cuestionó la pobreza de los usos lingüísticos, no ligados a la creatividad; muy por el contrario, es la negación de la misma. Formas tan usuales como “o sea” y el famoso “y nada” tan frecuente en figuras públicas como futbolistas o vedettes han terminado por empobrecer las formas comunicativas de los jóvenes. La falsa crudeza con la que se expresan los jóvenes de Los inocentes sigue escandalizando a padres, educadores y otros tras cincuenta años de publicada. Creo que hay que abrir un poco más los oídos para oír a sus hijos, alumnos y jóvenes en general, está ahí. En cuanto a la construcción de sus personajes y su identificación con ellos, Reynoso no rechaza la idea de que algunos de sus personajes lleven mucho de él, es casi una ley literaria que el autor tome parte de su vida personal. Creo que ambos grupos de preguntas, las de focalizadas en el personaje y las de su actividad creativa, van juntas. Reynoso nos habló de la influencia personal, sus experiencias y anécdotas de vida, como la del autor reflejo de su momento histórico, de su coyuntura. Así tal como lo reflejo en su novela reflexiva Los eunucos inmortales, en las que va uniendo su experiencia china en el momento de estallar la revuelta y masacre de plaza Tian´anmen en Beijing y la masacre del colegio Independencia de su añorada Arequipa, ciudad de nacimiento. En el autor confluyen estas dos corrientes y el creador va en la búsqueda de nuevas formas para poder expresar lo que él quiere. Comentó sobre su libro El escarabajo y el hombre, obra en la que hace una interesante experiencia literaria a nivel del uso de palabra escrita,  de lo coloquial a lo estándar a lo literario. Ante una pregunta interesante de por qué no había mujeres en la obra Los inocentes, Reynoso se refirió a nuestra costumbre muy latina de reunirse con las personas del mismo género, costumbre por todos aplicada y que no ha dejado de hacerse hasta en nuestros días. Él mismo contó la anécdota de tres amigas suyas que iban con ellos, varones, a diversos sitios como bares; automáticamente todos los demás presentes inferían que ellas eran prostitutas. Esa costumbre es un fiel reflejo de su época, que aunque aún quedan rezagos en nuestros días, ciertamente están un poco en desuso, felizmente. Con esto explicó por qué los personajes femeninos son periféricos en esa obra, son secundarios y vistos y narrados por esos muchachos cuyas vidas eran el fiel reflejo de la crueldad urbana.

Una vez concluidas los conversatorios los chicos se acercaron para hacerles algunas preguntas, para los famosos autógrafos y las fotos de rigor. Conversar con él de manera personal es más divertido aún, pues es una fuente inagotable de datos y ocurrencias de un hombre con más de 80 años de viajes, experiencias, sinsabores, éxitos y chismes puede cargar consigo mismo.

Quedan pendientes otras reuniones.

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