Datos personales

Trujillo, La Libertad, Peru
Un espacio para mostrar ideas y puntos de vista ligados al arte, a la cultura y la vida de una sociedad tanto peruana como universal

sábado, 4 de diciembre de 2010

CRISIS GENERACIONAL, CRISIS EDUCACIONAL

La reciente visita del analista político internacional César Arias Quincot ha puesto en relieve algunas profundas deficiencias de la juventud universitaria actual frente a la realidad internacional y nacional, en un mundo de acceso rápido y amplio a la información local y mundial. La conversación sostenida por dicho analista con los jóvenes y los no pocos jóvenes presentes en sus diversas presentaciones tanto en la Universidad Privada del Norte como en la Alianza Francesa mostró las deficiencias sobre la información manejada por muchas de los asistentes o, en el peor de los casos, ninguna información. Esta situación se puede deber a muchos motivos. Sugiero algunos:


1) Escasa o nula formación escolar en los cursos de Ciencias Sociales. La reducción de horas en los colegios de las materias como Geografía e Historia, está pasando la factura a una juventud que conoce poco su región, país, continente y planeta. Además, los cambios gestados en los últimos años en ambas áreas, sea desde el área de la arqueología, la sociología, historia, geografía física y social, demandan una permanente capacitación a docentes y actualización de libros y textos virtuales.

2) La educación recibida en esta área es bastante deficitaria, tomando en cuenta el motivo expuesto anteriormente. Además, el desprecio como muchas veces se ve a los cursos mencionados (cursos de relleno) ha hecho que muchas direcciones de centros escolares del país hayan colocado a docentes de otras áreas en la enseñanza de estas materias. Es sabido que muchos docentes contratados especialistas en áreas como Lengua, Religión, Ciencias, Matemáticas e incluso Educación Física, se les asigne esos cursos para poder completar su carga horaria.

3) Ante lo anteriormente expuesto, muchas personas interesadas en estos temas desestiman seguir estas especializaciones por verlas, en efecto, como poco rentables y pocas posibilidades laborales. En mi vida como docente, me he topado con esta realidad; además he visto a diversas personas de sólida formación en estas áreas, pero con poca formación de metodologías de la enseñanza, trabajando en el dictado de clases con estrategias que muchas veces no eran las adecuadas para los niños, adolescentes e incluso jóvenes (universidad) y generaban repercusiones negativas sobre la percepción de los contenidos de estos nobles cursos.

4) Los currículos universitarios, cada vez más centrados en un raro sentido de productividad (cual institutos), han ido desechando paulatinamente estos cursos por verlos “poco rentables”. Hay que ver los currículos de las facultades de todas las universidades de nuestro país para constatar la desaparición de estos cursos, por lo que, adosado al problema de la educación escolar, el joven universitario tiene escaso o nulo conocimiento de su entelequia social y su espacio físico. Los temas hablados en clases para presentaciones de libros en mi curso de Lengua muestran una desesperante ignorancia de hechos históricos recientes como el caso Fujimori, el primer gobierno de Alan García, Sendero Luminoso y uno más remoto como la Guerra con Chile. El caso más patético es el de una alumna en una clase de nuestra Universidad haya conocido con mucha sorpresa que hubo alguna vez una guerra con Chile. Peor es la idea que el mundo (y en esto discrepo del dogma religioso) fue creado en 7 días, producto de una discusión que hubo en clase por un tema expuesto por una docente. Sé que se debe respetar las creencias religiosas, pero aseverar que el mundo demoró tan sólo 7 días de 24 horas en su creación torna alarmante la formación histórica y geográfica de nuestros jóvenes. Esgrimir temas dogmáticos como temas científicos en una universidad torna peligrosa la educación y envuelve a todos los integrantes de una institución educativa en una atmósfera fundamentalista, sea de pensamiento económico, político, cultural o religioso. Peor aún, si lo que se quiere de ellos es hacer líderes conscientes y responsables de su sociedad y su entorno físico, llamado como medio ambiente. Digo esto, ya que fundamentalismos de corte económico y político nos están acompañando en estos días con una única verdad “democrática” y no se tolera el pensamiento divergente.

5) El conocimiento de la realidad exige de todos y cada uno de sus actores una lectura diversa, con perspectivas que muchas veces pueden (y deben) ser diferentes a las dominantes, ya que con esas otras alternativas podemos formar seres humanos con mejores criterios para tomar futuras decisiones. Es interesante el retroceso (aunque aún pálido) de esa enseñanza “para la excelencia” de muchas universidades norteamericanas que se habían avocado en “adiestrar” a sus lumbreras en ser profesionales “de éxito” con poca formación académica de humanidades y ahora son autores, aún no sancionados, de la debacle económica del 2008. Lumbreras económicas, pero con un mínimo sentido ético o de responsabilidad de su entorno social. Es irónico que sus currículos hayan sido “maquillados” con la inclusión de algunos cursos desechados por poco rentables como ética, historias u otros, para reparar el daño generado a la humanidad. Si hay alguien a quien hay que reclamar de los tumbos económicos de nuestros días son a esas casas de estudios, que (y he aquí lo grave) son paradigmas educativos. Tienen aún el descaro de ofrecer estudios diversos a precios altísimos para los que quieren ser estudiantes “de éxito”.

6) La acreditación a la que aspiran las universidades (ahora ya va para los colegios además) exige un currículo con el retorno de muchos cursos de formación humanísticas y sociales para poder formar un espíritu, en teoría, más crítico, solidario, comprometido con su mundo y con él mismo (ya que el alumno no es un satélite o un ser exógeno social). Pero hay que ser cuidadosos que dicho espacio sea un verdadero espacio de discusión democrática, formación responsable y comprometida con los demás: tenemos una crisis social grave en ciernes y un deterioro de la calidad natural del planeta, entonces ¿no amerita estas contundentes variables replantear las cosas o seguiremos como islas de tu sociedad? Sólo basta ver los currículos de las universidades de nuestra sociedad y tendremos un panorama de lo que se nos viene en cinco años.

2 comentarios:

Carmen Ortega dijo...

Es cierto que vivimos una época donde la productividad, lo económico, el rendimiento social, etc. se traduce en ciudadanos que basan sus conductas principalmente en lograr el éxito laboral y social. Pero ¿de qué tipo de éxito tendríamos que sentirnos orgullosos, eh?
Puede resultar utópico desear una sociedad más comprometida con el medio ambiente, con su comunidad e historia... una sociedad más equitativa, donde todos tengan las mismas oportunidades; es cierto, pero lo que es de "ciegos" es no querer ver cómo sin espíritu crítico devenimos en ciudadanos marionetas, fácilmente manipulables. La educación nos permite ser autónomos, responsables y tener conciencia de lo que nos rodea, formarnos nuestra propia opinión.

Concuerdo con Gerardo Cailloma en que es urgente una revisión de la formación y los supuestos "modelos" educativos que se ofrecen actualmente como paradigmas de esta sociedad del conocimiento, pues si los analizamos con detenimiento, veremos que presentan graves carencias, por cuanto se priman aspectos que no atienden a la integridad de la persona y los valores de una sociedad democrática, solidaria con los demás y respetuosa y defensora de las señas de identidad que la conforman como pueblo.
No podemos respaldar una educación que no sea humanista, en el sentido más amplio de la palabra. Es necesario que niños, jóvenes y adultos conozcan su historia, sus tradiciones, sus manifestaciones culturales, etc., para que sean capaces de comprender quiénes son y de trabajar por un futuro donde el rumbo lo marcan ellos no DOn Dinero; de lo contrario, no son libres, simplemente alguien "maneja nuestros hilos".
Actuemos contra esos currículos que nos quieren imponer y aboguemos por una educación más íntegra de todos los saberes.

Gerardo Cailloma dijo...

Gran trabajo hay por delante, mi estimada Carmen, para hacer cambiar actitudes en un grupo tan poco interesado en mejorar la calidad de la educación, que conlleva un mejor desarrollo de la conciencia de un ciudadano, sea por intereses (que es la más de las veces), sea por estar dirigidos por personas que no son precisamente educadores.