sábado, 30 de octubre de 2010

VISITA AL ANTIGUO CEMENTERIO REPUBLICANO MIRAFLORES DE TRUJILLO

El día 29 de octubre, como cierre de un intenso mes de charlas y actividades sobre el patrimonio de nuestra ciudad y Región, se hizo una actividad poco usual para la ciudad de Trujillo: una visita nocturna al cementerio de nuestra ciudad. Este visita coincide no sólo como la visita a uno de los lugares patrimoniales e históricos de cualquier ciudad, sino que coincide con la pronta celebración del día y del mes de los muertos: el 02 de noviembre. En la Alianza Francesa, organizamos un ciclo de charlas sobre el patrimonio social, cultural, artístico, arquitectónico, intangible. En esta última semana se habló sobre el Cementerio de Miraflores el martes 26 con la presentación de un conservador, Ricardo Morales, y un arquitecto, Carlos Moreno; la exposición concitó una gran expectativa, una sala llena; el miércoles 27, en nuestra galería de arte inauguramos una exposición temática sobre la muerte y a las 9 de la noche, una amiga alemana, Claudia Riess, expuso sobre la Vampirología; el jueves 28, invitamos a un arqueólogo francés, Nicolás Goepfert, doctor en arqueología andina, a hacer una interesante conferencia sobre los entierros de esta área del país.En realidad, cada una de estas conferencias estuvieron incluidas en una semana que llamamos "la muerte". No queríamos hacer nada de frívolo, pensando hacer algún evento ligado a la celebración de Halloween. En realidad, en nuestra cultura sí celebramos la muerte a nuestra manera, y se ve en las actividades que se hacen en los cementerios u otros lugares de culto funerario ocasionales de nuestra sociedad. Por ejemplo, cuando  vivíamos en Arequipa, nuestros vecinos el día 01 y 02 de noviembre solían dejar comida al retrato de una persona fallecida, en este caso a un joven que falleció de meningitis. Las costumbres en nuestra sociedad varía de lugar en lugar, en Piura la celebración toma dos días; en otras partes se ha reducido "oficialmente" a un día, celebración que sincretizado con una creación cristiana, la de todos los santos.
Nuestro cementerio, el de Miraflores, es una creación republicana. Antes, los ciudadanos fallecidos eran enterrados en las criptas de las iglesias, siendo una de las principales, la Catedral de Trujillo. Cuando se construyó el local del INC, el antiguo cementerio de la misma fue destruido. La sobrepoblación de cadáveres y las amenazas a salubridad pública que significaba enterrar cadáveres de manera masiva durante las epidemias que asolaban nuestras ciudades, hicieron reflexionar sobre la necesidad de hallar nuevos espacios para nuestros muertos. Una de las primeras ciudades en dar el paso a secularizar este rito (era de potestad de la iglesia, lo cual le daba buenos réditos) fue Lima, con su famoso Presbítero Maestro, obra del arquitecto y pintor Matías Maestro. Este bello espacio ha sido rescatado del olvido y ahora se ha convertido en un nuevo museo para la ciudad. Un cementerio es un libro vivo de una ciudad y en algunos casos de un país. Pese a las diferencias de espacio determinado en cada cementerio (de acuerdo a clase social u otro distingo), es un lugar común para todos los seres que pasamos por esta vida (incluso para los suicidas, los rechazados por la iglesia u otros cultos). Recuerdo en Jerusalén, la ubicación de muchas tumbas cerca de la sellada Puerta Dorada, por la cual ha de pasar el mesías y las almas de aquellos que están cerca de dicha puerta, son las almas que pronto han de resucitar en la gloria. Esa creencia de estar en lugar santo, en terreno religioso, hizo que la gente en un inicio desconfiara de los cementerios que hallaban en las afueras de la ciudad. Uno ve las tumbas que pugnaban estar cerca del altar mayor, la idea de las indulgencias famosas que fueron crítica severa de Lutero. Recuerdo hace años cuando fui a Zaña, vi en una urna restos de un noble criollo, quien tenía aún traje de sedas y creo haberle visto un anillo; no sé si quedará algo de eso en esas interesantes ruinas de la iglesia de San Agustín. Miraflores fue inaugurado el 02 de diciembre de 1831 y para que el cementerio fuera "legitimado" se trasladó los restos del obispo Francisco Javier de Luna Victoria, quien estaba enterrado en la iglesia de los jesuitas, la Compañía, abandonada en ese entonces. El cementerio cuenta con pocos mausoleos, pero hay algunos destacados como el de la familia Larco-Herrera y el mausoleo a Agustín Ganoza. Aunque este cementerio es para cristianos, hace un par de décadas tomé fotos de tumbas de ciudadanos judíos que murieron en nuestra ciudad. Para un trabajo de investigación que hizo León Trahtenberg sobre los judíos en el Perú, fotografié fotos de nichos que tenían no una cruz, sino una estrella de David en la lápida, y los apellidos correspondían a personas fallecidas en los años 20 del siglo pasado. Ahí tenemos el caso de Moisés Eskenazi y León, quien falleció de Meningitis el 19 de julio de 1923.
Hay, pues, todo un libro de historias que hay que ir buscando en este espacio cultural de nuestra ciudad. La infeliz decisión de querer demoler los antiguos nichos no ha prosperado, pero se ve que hay que hacer mucho para rescatar la memoria de una ciudad. Esperemos que este aporte que hemos hecho desde la Alianza Francesa tenga una notable repercusión en la conciencia de todos los ciudadanos.
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