martes, 27 de julio de 2010

UN NEURÓTICO NEOYORQUINO: WOODY ALLEN

“Allen es un chistoso capaz de hacerle llorar, de risa, al propio Búster Keaton”.


JOSÉ CARLOS HUAYHUACA, Allen´s Complaint, Hablemos de Cine, 73-74, 1981


Allen es el director que se muestra abiertamente a través de sus filmes. Influido por Bergman, Godard y Fellini, ha hecho una interesante carrera en la cinematografía norteamericana y, luego por razones ya no artísticas, ha terminado mudándose a Inglaterra, donde realiza en la actualidad su prolífera carrera. En un acucioso pequeño ensayo de José Carlos Huayhuaca, publicado en la extinta revista HABLEMOS DE CINE, él, Huayhuaca, nos hace una interesante reflexión de este judío neoyorquino que comenzó de manera errante en su cine hasta llegar a consolidar filmes sólidos en los que su neurosis, su sexualidad conflictiva y su interesante capacidad de autodestrucción se ven más consolidadas y con chispazos de genialidad. Nacido como Allan Stewart Köninsberg, se transforma en el actual Woody Allen cuando comienza a trabajar como periodista en diversos diarios neoyorquinos en 1952.Su paso por la televisión en 1952 lo vincula con otro grande de la comedia judío-norteamericana, Mel Brooks. Antes de realizar el film que lo hizo conocido a nivel internacional (ANNIE HALL), Allen había filmado una buena cantidad de filmes tanto como director así como actor, algunas de ellos muy simpáticos por el humor corrosivo que presentaba, así como el juego intelectual que exponía: TODO LO QUE QUERÍAS SABER SOBRE EL SEXO (Y TEMÍAS PREGUNTAR) y sobre todo, EL DORMILÓN. En el ensayo de Huayhuaca, se hace mención de esta suerte medio díscola de Allen en su creación de guiones, personajes, escenarios de sus obras tempranas. Allen es muy amante de hacer hablar a sus caracteres las ideas y temores que discurren por su cabeza, así como todo ese bagaje cultural, social y atávico heredado (vale la redundancia) de esa sociedad judía neoyorquina, esquizofrénica, culta y rodeada de tabúes y prejuicios. Y Allen se ha encargado de excavar los temores de su ciudad, sus preguntas que casi rodean lo escéptico y su necesidad de “unir” la parte corpórea con la intelectualidad, la que nuestro afamado director maneja con destreza. Con ANNIE HALL Allen comienza a presentar un cine más constituido, más orgánico que permite ver caracteres reales (como sacados de la calles de Nueva York), más elaborados y creíbles. En realidad, acercarse a la vida puede tener muchas vertientes, siendo una de ellas la comedia, tan trasgresora como paralizante de la piedad, ya que en cierta manera la comedia le da “licencia” a nuestras emociones para permitirse un momento de crueldad con la vida; y Allen va más allá, lo hace consigo mismo. Sus filmes nos lo muestran así, permanentemente “despedazado”, un corte frío psicoanalítico de su vida, de sus ideas, temores, pasiones, complejos, sueños y frustraciones.
Allen, este judío jazzero que se resistía a dejar su Manhattan querido, se tuvo que alejar de ella por la disputa y señalamiento de culpabilidad contra él por parte de su ex pareja, Mía Farrow. En la actualidad sigue su carrera en Londres.
Hemos decidido focalizar este breve ciclo en su ciudad favorita (aunque nunca dejó de evocar referencias de su pasión por NY, sino habría que ver El Dormilón, en la que nos da una soterrada versión crítica del Planeta de los Simios, más algunos espacios empleados un lustro antes por Kubrick de la ciudad moderna –siempre la ciudad- en La Naranja Mecánica). El Woody neoyorquino es el que ve a su ciudad, no como un foco aplastante de problemas, sino el espacio ideal para poder desarrollar todas sus fobias, paranoias y neurosis.

ANNIE HALL, 1976, titulada en castellano como DOS EXTRAÑOS AMANTES, le permitió encumbrarse entre los directores divos por haber obtenido el Oscar a la Mejor Película y la Mejor Dirección (1977) es una velada crítica al mundo intelectual (al cual no puede escapar y es un miembro más feliz de éste). Alvy Singer es un escritor que se engancha con Annie Hall, una provinciana que comienza a hacer carrera en el mundo feroz de NY. En cierta manera una primera gran revelación personal de su mundo, es además una reflexión sobre la pareja y el amor: Los diálogos son rápidos, de cargadas referencias intelectuales y, a veces, demasiado “gringos”; pero no por eso, menos interesantes e hilarantes; además, es su primer filme, de una serie de ellos, en que los personajes femeninos se vuelven sólidos, independientes y gravitacionales a lo largo de la historia. El film muestra un magistral uso de los intradiálogos, como rememorando al gran Joyce, en una conversación por lo demás entretenida de ese momento que implica conocer a la futura pareja y lo que va pasando por la cabeza de cada uno de ellos.

MANHATTAN, 1979, es sin lugar una de sus obras maestras. Hecha en blanco y negro, más la música de Gershwin empleada de manera magistral, la Rapsodia en Azul abre y cierra este bello filme haciendo largos planos de Manhattan, nunca tan poéticamente mostrada. Ésta es una película de esperanzas y promesas, de restablecer la confianza que está ahí en cada uno de sus habitantes, en este caso encarnado por Mariel Hemingway (Tracy), que rescata para Isaac Davis (Allen) el valor de la palabra y de los vínculos entre las personas. También el mundo intelectual es benévolamente vapuleado, pero cumple ese importante objetivo de humanizar las relaciones en una ciudad que podría ser el paradigma de la frialdad; para mostrar esa humanización, Allen hace largas narraciones temporales y espaciales, en las cuales sus personajes van evolucionando hacia sus intereses.

THE PURPLE ROSE OF CAIRO (LA ROSA PÚRPURA DEL CAIRO) 1985 ¿Se imagina uno que inesperadamente el personaje que uno ve en las pantallas se dirige a ti y se sale de la pantalla para tener una vida propia contigo? Esta es una propuesta de este genial director, y en sus trabajos siempre hay ese tufillo de ironía y desencanto que muchas veces nos deja una suerte de infelicidad, pero de certeza. Esta película tiene ese velado propósito: el cine no deja de ser una máquina de sueños. La ilusión que una simple chica, Cecilia (Mía Farrow) ama de casa frustrada, tiene del hombre de sus sueños, de pronto se ve hecha realidad; pero, lejos de hallar la felicidad, es el encuentro desencantado con el mundo soñado y la cruel verdad, el mundo real. Es una reflexión amable y sincera del cine de un hombre que lo ama, en cuanto a su propuesta como tal y el mundo emotivo que desarrolla en la gente que lo vive. Se podría considerar este film como un acto reflexivo sobre el cine, metacine puro.

HANNA AND HER SISTERS, (HANNA Y SUS HERMANAS) 1986, es otra bella película, una obra maestra, en la que vemos a Hanna (Mia Farrow) como el personaje eje de las tramas, hermanas en torno a las cuales giran hombres interesantes motivados por el amor, el ansia, los recuerdos y el azar. Hanna es una mujer perfecta, quizá demasiado, que encierra una extraordinaria relación con sus hermanas, quienes a su vez se ven involucradas en relaciones, muchas de ellas, truculentas. Las relaciones entre seres tan disímiles marca el hilo narrativo de la película, en las que Lee, April, Norma, Mickey, Elliot se deslizan buscando su identidad en los otros. Como explica el Larousse, es una película en la que “se respira el perfume de las cosas vividas y serenamente recordadas”.

CRIMES AND MISDEMEANORS (CRÍMENES Y PECADOS) 1989 Esta es una de las obras más desencantadas de Allen; es una triste metáfora del amor y justicia humana, enfocadas por un filósofo, que termina suicidándose, y un rabino, que queda ciego paulatinamente. Dos hermanos, uno exitoso, oculista, amenazado por su amante de denunciarlo, contrata a su hermano marginal, ligado al hampa para eliminar a la amante. El remordimiento del hermano lo hace dialogar con su cliente, el rabino que va quedando ciego. Por otro lado, Allen juega el papel de un guionista de TV sin mucho éxito, cuyo cuñado le da un trabajo de hacer un documental sobre la vida de este mediocre y ufano director. Simultáneamente sigue un proyecto: un documental sobre la vida y obra de un filósofo, cuya obra se centra en el sentido de la vida y el amor. El suicidio del mismo y el crimen impune hacen de esta obra una de las más amargas de su cinematografía.

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