domingo, 28 de agosto de 2011

UN BUEN VIAJE AL PASADO: CASMA

Ir a Casma para ver Chanquillo luego de 27 de años fue para mí una experiencia excitante y para mis dos compañeras de viaje, Orietta y Carmen, un interesante descubrimiento para una y un reconocimiento de los espacios visitados con anterioridad para la otra. Había ido a la zona con cierta regularidad cuando nuestros grupos de estudiantes visitaban Caral, al norte de Lima y en su retorno a Trujillo hacían una escala en Sechín, otro de los lugares atractivos que también visitamos.


Salimos un sábado, 06 de agosto más precisos. Nuevamente en la camioneta de Carmen, Orietta y yo nos embarcamos en esta nueva experiencia que nos iba a llevar hacia el sur de Trujillo. Carmen estaba muy sorprendida por lo visto en Chachapoyas, pero lo que íbamos a ver en los alrededores de Casma la iban a emocionar más. Salimos a las 9 y media de la mañana rumbo a Chimbote. La estrechez de la carretera Panamericana, el excesivo tráfico y la terrible imprudencia de los choferes, sobre todo los de transporte público, hacían penosa la ruta. El anterior gobierno había anunciado, con bombos y platillos, la famosa Autopista del Sol, la cual debe llegar hasta Sullana. Ojalá me quede vida para poder ver esa promesa. Sé que hay tramos cerca de Casma que muestran la otra vía que acompañará a la actual, pero todo apunta que será otra carpeta asfáltica y no una verdadera autopista con todos los recursos de una vía moderna. Veremos en qué termina (me huele otro hediondo arreglo del gobierno de alan –con minúscula-). Esa travesía hasta Chimbote es toda una odisea: te cruzas con camiones llenos de caña de azúcar que violan todas las medidas de seguridad de cualquier civilizado (Carmen es española y me sentía con vergüenza de ser testigo de su indignación); además ómnibus interprovincial manejados por choferes irresponsables que llevan a su gente como ganado; automóviles que se caen a pedazos y que circulan sin luces ni otras medidas de seguridad; y la interminable retahíla de autos y otros vehículos que corrían a su destino sin importarles los demás. Manejar por nuestra Panamericana es manejar en la jungla.


Llegamos con los nervios un poco crispados a Chimbote, ciudad a la que se podría llegar en menor tiempo si no fuese por el tráfico. Chimbote tiene amplias vías bien tenidas, hay una mejor señalización vial que la que tiene Trujillo. Tiene avenidas anchas que comunican con el Nuevo Chimbote, zona donde hay buenos servicios, hoteles y una catedral bastante impresionante. Pero nosotros no teníamos muchas ganas de quedarnos aquí. El año pasado habíamos hecho una pascana aquí, en el restaurante Venecia, cuando vinimos con Gilberth y Gustavo de paso a Las Aldas. Comimos un lomo saltado extraordinario con un café reparador. Hay buenos restaurantes en el Chimbote antiguo; además recuerdo haber comido bien en el ex Hotel de Turistas. Pero esa visita gastronómica la haremos al día siguiente, luego de nuestro objetivo final. Así que seguimos camino hacia Casma. Pero ya cerca de nuestro punto de llegada, atravesando unas dunas y colinas de arena y unas impresionantes vistas del mar, Orietta nos dijo: “no me caería mal un cebichito”. Palabras claves que nos motivarán a dirigirnos a un bonito lugar que he visitado con frecuencia. Pedí a Carmen doblar en la entrada a Tortugas para que descubra una belleza de lugar, además de un impresionante cebiche que íbamos a comer para calmar nuestra hambre. Fuimos al restaurante Costa Azul, lugar donde comimos un cebiche proverbial, fuera de un delicioso chilcano y una surtida fuente de chicharrones mixtos. Todo rociado con cervecitas para calmar la sed y bajar los sabores picantes. Ya saciados, volvimos a nuestra ruta, puesto que teníamos que llegar a Casma para instalarnos en nuestro hotel y poder aprovechar la tarde y visitar Sechín (según la guía de viaje cerraba a las 5 p.m.). Llegamos a Casma, pero no nos percatamos del letrero que indicaba nuestro hotel, Las Poncianas, al cual ya había visitado en 1997. En la Plaza de Armas pedimos ayuda a un policía para que nos ayudara y nos dio la ubicación. El hotel es simpático, pero la atención un poco descuidada. Estuvimos un buen rato en la oficina de atención hasta recibir las indicaciones pertinentes. Nuestros cuartos eran cómodos, aunque las chicas tuvieron problemas con el agua caliente. Dejamos nuestras cosas y nos dirigimos hacia Sechín; la Vía de Evitamiento te ayuda a tener que soportar el tramo casi intransitable que se han tornado las seis o siete cuadras del corazón de Casma; algo así como Barranca en sus más terribles momentos.
Saliendo de Casma, ir a Sechín es cuestión de minutos. Tomamos el camino que lleva a Huaraz y en un par de minutos estás en la entrada de Sechín; el lugar da mucha pena, puesto que el mantenimiento y la información es pobre. Este impresionante lugar daría para mucho más, pero la desidia ha hecho que el lugar haya caído en una suerte de abandono. Es una las zonas más antiguas del Perú y de las Américas, y no merece el trato que tiene. Su pequeño museo está presenta un descuido total. Hay un par de restos muy interesantes: la momia de una mujer joven sacrificada de Tuquillo y un par de brazos que muestran los tatuajes que este personaje tenía. Mucho mejor preservado que la Dama de Cao. Luego de la visita al museo, fuimos solos a ver el complejo arqueológico. Todo ese templo con todo ese lenguaje iconográfico está ahí para tener la ayuda de alguien que te pueda dar luces del lugar. He escuchado muchas teorías, muchas hipótesis sobre este lugar, lleno de lugares arqueológicos por doquier. En realidad, este valle es feraz y algo que les contaba a mis compañeras de viaje es el hecho de que este valle no desaparece el sol; quizá por ello se haya construido un bello observatorio solar. Pese a nuestro autoguiado, logramos recorrer todo el lugar llamado Sechín Alto. Hubiéramos tenido la ayuda de John, un profesor que nos guio al día siguiente para poder ver Taukachi Konkan o algo de Sechín Bajo, ya cubierto por la población. Antes de regresar al hotel, hicimos una visita por el valle Sechín y "subimos" un poco en dirección a Huaraz. El valle es muy fértil y ves diversas plantaciones a ambos lados de la carretera; hay viñedos y otros frutales, así como ya una fuerte presencia de compañías agroexportadoras, Ojalá que no se les ocurra hacer de esta zona, una de monocultivo. Esperemos que no.

Retornamos a nuestro hotel para descansar y salir a comer algo en la noche.

Salimos caminando hacia el pueblo. Comimos algo ligero y luego hicimos una caminata. Vimos que habían hecho una suerte de alameda en la que habían puesto detalles de las ruinas del lugar; en realidad, si quieres hacer recuerdos de la zona (turismo puro), tienes tanta iconografía para hacer recuerdos líticos o ropa. No vimos nada de eso. Fue una cultura lítica y no queda nada de esa tradición. Se perdió en el tiempo. Luego fuimos a un pequeño pub con buenos servicios y ambiente agradable, el Bohemia. Retornamos a las 11 de la noche para al día siguiente ir a nuestro objetivo principal: Chanquillo.

Ya temprano, luego de una buena ducha y del desayuno breve, partimos con nuestro guía y nuestras cosas rumbo a Chanquillo. Este lugar tiene dos accesos; uno, por el valle de San Rafael; el otro, por la carretera Panamericana. Este último lo recuerdo mucho, puesto que fue ese que tomamos cuando vinimos en 1984 con Maritza, Zoila, Pablo y yo, también viajeros impenitentes. Y fue esta la ruta que elegimos. Ya ves en el camino lo que había comentado en un inicio: la otra vía paralela a la actual de la Panamericana. A unos 16 kilómetros hacia Lima se halla el desvío. Ingresamos a un camino de arena, ya frecuentado por los arqueólogos que dirigen el proyecto. Vas adentrándote en medio de la soledad de los arenales. Aún temprano y nublado el clima, la arena aún un poco fría y estable, pero aun así nos causa temor el hecho de quedarnos estancados. Carmen es una buena pilota y llegamos a nuestro destino tras un poco de emociones. Algunas de las huellas trazadas iban a otros rumbos y en verdad fue una buena decisión haber ido con nuestro guía. A lo lejos se veía la silueta de la fortaleza-ciudad-templo. Pero en verdad, llegar a través del valle de San Rafael es más impresionante, dicen, ya que ves en la cima la construcción. Bastante parecido a Kuélap en cuanto ubicación estratégica. Descendimos de la camioneta y nos fuimos hacia el monumento. La llegada es interesante, pero a medida que nos íbamos internando, nos íbamos sorprendiendo más. El lugar ha entrado a recuperación, pero hay huellas de destrozos causados por los viajeros escolares y los no tanto, quienes dejan sus “recuerdos” de estancia pintando las paredes y dañando, en algunos casos, el estuco original. El lugar se va descubriendo lentamente y cuando ingresamos al segundo anillo, nos íbamos a encontrar con más bellezas. Comenzamos a circundar el segundo anillo y descendiendo hacia el norte, hacia el valle de San Rafael, circunvalando el espacio, vimos a lo lejos el famoso calendario solar, rodeado de arena, dunas y un poco más allá, el valle. Los paisajes que rodean al lugar son magníficos y también nos muestran lo estratégico de la ubicación de este monumento. Quizá en los momentos de asedio por parte de enemigos al valle, la población del mismo se escondía en el lugar. La visita al último anillo nos acercó a una especie de adoratorio. Todo parece indicar que este lugar no se hallaba habitado cotidianamente y no hay cementerio alguno en él. Salvo que la arqueología nos depare otras sorpresas más, como siempre en nuestro país. El lugar está en estudio y hay arqueólogos de la Católica que están liderando el proyecto.

Una vez concluida nuestra visita, pasamos a dejar a nuestro guía en Casma y partimos de retorno a Trujillo. Pero antes teníamos que ir a otro lugar en Nepeña: Punkurí.

Este lugar fue el que elegimos para visitar antes de dirigirnos a Chimbote donde almorzaríamos. Punkurí es un resto arqueológico que viene siendo trabajado entre la universidad y la empresa privada ubicada en el valle de Nepeña. El lugar está bien tenido. Hay un pequeño museo de sitio y nos indica que este lugar tiene más de cuatro mil años. Parece un espacio chavinoide. Hay figuras de felinos, parece ser el puma. Las formas la hacen parecer a Sechín, pero hay otras teorías. Este lugar es muy antiguo. Nos hubiera gustado entrar a Pañamarca, pero el hambre nos hizo dirigirnos a Chimbote. Luego de llenar el tanque, nos fuimos a un restaurante que nos recomendó un muchacho del grifo. Y estaba en lo correcto.

Luego de almorzar, tomamos el camino de retorno a Trujillo. Llegamos tranquilamente para poder disfrutar las últimas horas del domingo. Casma quedó en nuestras retinas.

Publicar un comentario