El Niño está de vuelta. Y se está manifestando de manera violenta en muchas zonas del país. Este fenómeno que era cíclicamente más distanciado, ahora se hace cada vez más recurrente. Esta situación puede tener diversas explicaciones, algunas de ellas negadas como el caso del cambio climático; pero, es una realidad contundente, peligrosa y costosa. La intensidad de este fenómeno es cada vez mayor y sus incidencias son desastrosas para la sociedad en su conjunto, pero en mayor incidencia en personas más desvalidas y de escasos recursos. Esta realidad climática ya está con nosotros y, como de costumbre, la ciudad no está para nada preparada. Y lo que hemos visto tanto en Arequipa (terrible) como Máncora y otras ciudades del Norte peruano nos debe de alertar sobremanera. El fenómeno es sí es inevitable, pero sus consecuencias sí se pueden atenuar de tomarse las medidas correctas y que deben ser política de la ciudad y región. Tras el desastre del 2017, se conformó un grupo de ciudadanos con el fin de alcanzar a las autoridades propuestas concretas para poder enfrentar con el tiempo los futuros desastres (por ejemplo, el del 2023 fue leve frente al 2017). Recuerdo que el fallecido arquitecto Jorge Saito propuso una serie de medidas que significaban decisiones políticas drásticas e impopulares, pero necesarias. Medidas como desalojar espacios intangibles ahora ocupados con viviendas, edificios, calles y todos los sistemas básicos (agua, desagüe y luz) era un primer paso; esta medida choca con las políticas de uso de terrenos, titulación y, obviamente, contra los traficantes de terrenos. Para nadie es un secreto que muchas zonas peligrosas están ocupadas y, por el populismo de autoridades ediles, los ocupantes han recibido título de propiedad y tienen todos los servicios básicos como alumbrado público y redes de agua potable que son dañados como sucedió en 1998 y 2017. Una verdadera planificación urbana hubiera restringido obligatoriamente el uso de dichos espacios. Como lo visto en Arequipa, las torrenteras (o lloqllas) fueron obstruidas por casas, avenidas, calles, edificios; las consecuencias han sido lamentables. Otra propuesta, vinculada al bienestar social en la lucha contra la delincuencia, es la construcción de grandes parques, grandes zonas de áreas verdes que se ubiquen en diversas partes estratégicas de la ciudad. Trujillo se ha llenado de losas deportivas, las que no tienen un uso adecuado e integrador; en vez de crear grandes parques zonales, áreas verdes vitales que permitan una mejor integración social, reduzcan el calor en las zonas aledañas y funcionen como una zona de amortiguamiento frente a las inundaciones o huaycos como los del 2017. Por último, la tropicalización de nuestra ciudad obliga a tomar estrictas medidas en la construcción de viviendas y la planificación vial. Son decisiones políticas y económicas que, obviamente, no serán tomadas. Sólo queda esperar.
Este espacio ha sido creado por Gerardo Cailloma con el fin de difundir mis ideas y poder compartir con el que esté interesado temas sobre cine, música, educación, viajes, literatura y todo aquella diletancia que produzca placer estético (como el buen comer)
Datos personales
- Gerardo Cailloma
- Trujillo, La Libertad, Peru
- Un espacio para mostrar ideas y puntos de vista ligados al arte, a la cultura y la vida de una sociedad tanto peruana como universal
lunes, 2 de marzo de 2026
domingo, 11 de mayo de 2025
¿QUÉ HACEN CON HUANCHACO? (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 11 DE MAYO)
Mientras el mundo católico celebra el nombramiento de un nuevo Papa que tiene estrechos vínculos con nuestro país y que ya está sacando algunas chispas de cólera a varios, los problemas de nuestra Región y ciudad han pasado, para beneplácito de algunos siniestros personajes, momentáneamente a un segundo plano. Eso espero. El más grave es el asesinato, con muchas implicaciones, de 13 personas en Pataz, la que ha sido la noticia que remeció a toda la colectividad nacional, debido a la sevicia mostrada en el homicidio colectivo y las ramificaciones ocultas que se van mostrando. Esperamos se lleguen a conocer todos los pormenores de esta masacre. Una consecuencia inmediata es la anunciada caída del gabinete Adrianzén en la semana que viene. Veamos cómo actúan los congresistas, listos para tranzar cualquier barrabasada con el fin de obtener beneficios personales o partidarios. El segundo grave problema es uno local: Huanchaco, el balneario que da bastante identidad a nuestra ciudad y Región. Hace un par de semanas escribí sobre una grave situación que se había generado en los últimos años por la desidia, incapacidad y una velada corrupción para abordar efectivamente diversos problemas que aquejan al balneario y específicamente uno que ha surgido en los últimos años: el derrame de aguas residuales que inundaron y dañaron los ancestrales totorales y, de paso, lanzaron y lanzan estas aguas servidas al océano. Las excusas de entonces de la empresa comprometida, SEDALIB, no han sido las correctas y han sido, en cierta manera, avaladas por la gestión municipal huanchaquera, la que tenía la peregrina idea de traspasar la gestión de dichos totorales al gobierno regional, obviando descaradamente a los principales beneficiarios y afectados: los pescadores. Las gestiones han sido accidentadas debido a la ausencia de los pescadores y vecinos afectados, a causa de las irregulares convocatorias para las reuniones “programadas”. Es imposible tomar acuerdos sin la presencia de una de las partes que tiene mayor interés y es la más afectada. Por estas razones, muchos vecinos se han organizado, residentes y amantes del antiguo balneario, para defenderlo. Además, la gestión edil realizó, con un criterio antiestético y anti urbanístico, la instalación de una serie de quioscos celestes en la avenida que corre paralela al litoral, sin preocuparse de cosas más urgentes de abordar como la reparación de las calles y avenidas que tienen el asfalto colapsado o sus veredas deshechas. Huanchaco enfrenta una cruda realidad sobre su erosión costera: ninguna autoridad política va a pedir demoler el molón de Salaverry; son muchos los intereses económicos en juego y todos sabemos cómo se mueven las cosas. Este es un hueso durísimo de roer. También está el problema de la organización territorial huanchaquera al tener en su jurisdicción al amplio sector de El Milagro. Pero hay que empezar por atacar los problemas que los están urgiendo y los huanchaqueros han reaccionado. Muy bien, todos los trujillanos debemos apoyarlos en su causa.
domingo, 19 de mayo de 2024
CIUDADANOS SITIADOS (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 19 DE MAYO)
Trujillo se encuentra en un febril proceso de intervenciones para mejorar la calidad de servicios públicos como son el sistema de agua y desagüe, y el vial. Desde una perspectiva global, es una necesaria acción para una ciudad que ha tenido un crecimiento exponencial en cuanto a viviendas y su parque automotor. Sin embargo, hay una serie de detalles que las autoridades comprometidas deben velar para que estas acciones sean ejecutadas con prontitud y transparencia, pues pueden suceder y suceden varios hechos que perturban la continuidad de las labores ciudadanas, tanto de manera colectiva como individual. De manera personal, nuestra casa se ha visto comprometida con el cambio de redes de agua y desagüe que ha sido, inicialmente, bienvenido; pero, una serie de situaciones complicadas ha ido apareciendo generando un malestar en el vecindario. Los canales de comunicación fueron en un principio buenos; pero, a medida del avance de la obra, han surgido desaciertos que han ocasionado que muchos vecinos tengan autos encerrados por semanas, problemas con los desechos, comunicaciones confusas sobre la apertura o sellado de calles, entre otros problemas. Suena como cliché: sabemos cuándo empieza, pero no cuándo termina. Esta incertidumbre surge entre los habitantes habida cuenta de ejemplos que hemos visto en otras partes de la ciudad. El caso de Huerta Grande es notorio; empezó en septiembre del 2019 y culminaron casi a finales del 2020; mientras tanto hogares y negocios se vieron afectados por esta crítica situación, pues levantaron tuberías dejando expuestas las del desagüe, lo que originó una situación calamitosa a todo el vecindario por meses e, incluso, hubo algunos negocios pequeños que quebraron. Viendo el panorama se pueden identificar puntos críticos: falta de coordinación de todas las instituciones y empresas de servicios, un permanente monitoreo del avance de las obras, el compromiso de las empresas contratadas para realizar los cambios, un plan alternativo consensuado y en permanente comunicación con la ciudadanía; y, sobre todo, el trabajo en conjunto de dichas instituciones con el fin de hacer obras que aborden el mayor número de servicios (luz, agua-desagüe, telefonía, alcantarillado). Recuerdo algunas reuniones para ver la reconstrucción del pavimento del Centro Histórico a las cuales siempre faltaban Hidrandina y SEBALIB. En los planes de contención debe verse cosas urgentes como desechos (SEGAT), bomberos y ambulancias; puntos críticos que hay que informar a la ciudadanía en general en casos como estos. Y, además, pensar que, siendo un servicio, la ciudadanía no debería verse tan afectada, pero al ser este asunto tan politizado, vemos que surgen temores que los actuales trabajos puedan verse afectados por cambios en la cúpula del poder. Los avances y abandonos en zonas como San Nicolás o La Merced no hacen, sino corroborar todas nuestras incertidumbres. Debemos exigir más transparencia.
domingo, 13 de agosto de 2023
DESTRUYENDO CIUDADES (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 13 DE AGOSTO)
Salir
de la rutina para conocer nuevos lugares hace ver con criterios más amplios el
lugar en el que se vive: la infraestructura, el tejido social y sus
manifestaciones, la historia de sus habitantes y sus proyecciones hacia el
futuro. Estas vacaciones me permitieron visitar varios lugares de la Región
Cajamarca.
Esta visita fue una buena oportunidad de ver lo bueno y también los males que acogen a todas las ciudades peruanas, en unas más que en otras, incluida Trujillo. Viajar con amigos que saben de arquitectura y la historia de la región me dio más luces. El centro histórico de la ciudad de Cajamarca lo ha salvado la acción tanto de historiadores y arquitectos, como de operadores turísticos; sin embargo, se ve un acelerado deterioro de varias bellas casonas (como en Trujillo) que son carcomidas por el interior para convertirse en cocheras o tugurios comerciales. Los alrededores de la ciudad sí son clara evidencia del desorden y peligro de cientos de edificaciones que surgen sin ningún criterio técnico producto de invasiones, tráfico de terrenos y corrupción rampante que corroen nuestra sociedad. Ya no sólo es criterio estético, es la seguridad de cada uno de las personas que las habitan y el de la ciudadanía en general. Además, el boom de la construcción en zonas en las que hay poca regulación municipal y profesional hace permisible la construcción en zonas de alto riesgo (faldas de colinas y cerros), tala indiscriminada y ocupación de áreas verdes que son el sustento y, a la larga, la sostenibilidad de cualquier ciudad. Estuve, también, en Bambamarca, Chota (con un inmenso coso de toros), Hualgayoc, Cajabamba, Namora, San Marcos, entre otros lugares. Salvo excepciones como Cajabamba y Namora que tratan de cuidar su centro histórico a duras penas, las demás ciudades ven su antiguo centro sometido a un estrés de construcciones de cemento y ladrillo desafortunadas y riesgosas, cuyas medidas de seguridad deben ser dudosas. Algunas edificaciones con numerosos pisos y vidrios multicolores rompen la armonía de lo que solían ser las plazas cajamarquinas de antaño; y para acentuar la crisis estética, estos monstruos tienen sólo la fachada enlucida. Un mal hábito arraigado en todos los estamentos de la construcción. Comentábamos que, por suerte, no se generaban tantos incendios provocados como suele suceder en otros países; pero la explicación fue triste: como hay tanta permisividad en la invasión de tierras (veamos el ejemplo de Trujillo sin ir muy lejos) no es necesario recurrir a “medidas extremas”. La corrupción lo permite. La proliferación de nuevos barrios residenciales en zonas de cultivo es, como ya he resaltado, una cuestionable decisión que afecta la seguridad alimentaria de la zona, concepto que parece no ser muy relevante para muchas personas, fuera del hecho de que muchas áreas verdes son afectadas por la minería formal (lo vimos en el camino a San Pablo) y, peor aún, la informal.
domingo, 23 de enero de 2022
JORGE Y SU CIUDAD SOÑADA (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 23 DE ENERO)
Jorge Saito, un buen amigo, nos dejó hace una semana; hombre de ideas comprometidas para generar cambios necesarios en nuestra sociedad, ha partido.
Lo conocí en los años 80.
Tuvimos la oportunidad de conversar en su desaparecido instituto Matisse. Lo
había creado con el fin de poder ofrecer a nuestra ciudad un espacio de arte y de
innovación para una Trujillo que iba creciendo en población juvenil que se veía
en la necesidad de emigrar para poder realizar estudios de arte y comunicación.
Cuando me instalé en Trujillo definitivamente, hubo más oportunidades para
conversar sobre diversos temas que Jorge veía urgentes e importantes para
ayudar a las personas y, a través de estas, a la ciudad. Jorge era un firme
creyente que la ciudad y el ciudadano tienen una íntima relación y ambos
influyen sobre el otro de manera decisiva. Trataba de ver a la ciudad de manera
holística integrando cada uno de los elementos que la constituyen, viéndola
como un tejido integrado. Durante las campañas de sensibilización desarrolladas
por nuestra desaparecida Marcela García en Los Tallanes, Jorge fue un agudo
crítico de los numerosos planes presentados por diversos organismos privados e
instituciones públicas para abordar temas álgidos como el transporte público o
la planificación urbana; criticaba las visiones de corto plazo, nada
integradoras y que, a la larga, iban a causar más problemas que soluciones. Con
él y un grupo de amigos integramos una asociación con el fin de aportar
propuestas para una ciudad golpeada por siete huaicos, sea por inoperancia
municipal o regional, sea por intereses económicos y políticos. En sus
propuestas, veía la necesidad de incorporar recursos naturales (arborización,
por ejemplo) para amortizar daños y actuar sobre las zonas de riesgo con un
plan sistemático de desplazamiento para ayudar a los ciudadanos afectados; soñaba
una ciudad con más áreas verdes para atenuar el deterioro ciudadano a todo
nivel (desde contaminación hasta mejora de calidad de vida), parques
metropolitanos, un eficaz manejo de residuos sólidos, una interesante red de
transporte en las que las ciclovías son importantes. Soñaba con crear ciudades
satélites para evitar los monstruos urbanos en la que se ha convertido Lima,
por ejemplo. Y, sobre todo, educar al ciudadano a tener una conciencia urbana
para que este sea el elemento coercitivo sobre otros ciudadanos y sus
autoridades con el fin de evitar el rápido deterioro en el que nos estamos sumergiendo.
Ese proceso toma su buen tiempo; pero es una solución a la que están apuntando
todos los países que son conscientes de su entorno. Así los ciudadanos
entenderíamos con más razón por qué un derrame de petróleo en lugares naturales
son verdaderos crímenes por los que hay que protestar y no esperar que esta
tragedia suceda en tu propia casa para darte cuenta de esta desgracia como ha
sucedido en las costas limeñas. Ojalá que su memoria no caiga en el olvido.
Pd. Esto ya no figura en el publicado en el Diario Correo. La naturaleza, nuestra aliada y vecina permanente, ha sido amenazada por nuestra propia acción. La naturaleza, de la cual venimos, nos ofrece miles de oportunidades para vivir bien. Lo sucedido en las costas limeñas es una acción más de las miles que hacemos todos los días, consciente o inconscientemente. Jorge nos pedía aprender de ella para vivir mejor. Duro aprendizaje para una sociedad desmemoriada.
domingo, 12 de septiembre de 2021
¿UNA CIUDAD CANGREJO? (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 12 SEPTIEMBRE)
Trujillo tiene, según datos del 2020, una población metropolitana de 1´110,220. En los últimos años, el panorama social ha cambiado sustancialmente. Las migraciones internas y externas han sido un factor decisivo en su crecimiento poblacional. Por ejemplo, según datos del 2017, había una población de 148,992 ciudadanos venezolanos residentes. Casi un 11% de la población total. La coyuntura ha cambiado en algo estos datos, no mucho. La pandemia hizo que muchas personas hayan regresado a su sitio de residencia por la modalidad del trabajo remoto, sobre todo aquellos que residían en pensiones o casa de parientes en otras ciudades como Lima. Eso ha generado otras condiciones especiales, fuera del hecho de que muchos han establecido pequeños y medianos negocios de servicios de todo tipo. La posibilidad de una migración masiva hacia el exterior no será significativa para la presión poblacional que la ciudad tiene. Al igual que otras ciudades de la costa, Trujillo tiene un fuerte déficit de infraestructura en muchos rubros: agua y desagüe, sistema vial, electricidad, interconectividad, reciclaje y manejo de residuos sólidos, sistema de sanidad y salud mental, macroproyectos de impacto ambiental, erosión costera. Un largo etcétera que se ha ido agudizando por diversas razones, muchas de ellas por incompetencia de autoridades pertinentes, así como una acentuada corrupción que afecta todo quehacer de nuestra ciudad. La planificación urbana en Trujillo deja mucho por desear: la reiterada edificación de construcciones, incluso de material noble, en zonas prohibidas son el producto de una extensa mafia de terrenos que incluye no sólo a autoridades, sino al aparato judicial y un grupo de empresarios inescrupulosos que fomentan acaparamiento de terrenos, invasiones o actividades ilegítimas en el Poder Judicial sobre títulos de propiedad. Por falta de control y por la misma corrupción, muchas áreas destinadas a parques y zonas de recreo terminaron convirtiéndose en viviendas; nuestras ciudades ofrecen pocos m2 de áreas verdes por cada uno de nosotros. Sin embargo, algunos municipios han comenzado a desarrollar planes interesantes en pro de sus ciudadanos. Moche, por ejemplo, tiene un plan de acopio para uno de los residuos más contaminantes: pilas de cadmio. Esperemos que estos desechos sean correctamente tratados para tener un plan global. Muchas buenas ideas ecológicas, como clasificar la basura, terminan en sólo buenas intenciones al terminar dichos desechos en un relleno sanitario en el que pululan recicladores y negociantes. Las iniciativas ciudadanas de participar activamente en las políticas urbanas deben de ser apoyadas y promovidas para invitar a más personas a sumarse a estas causas.
PD. Jean-Paul Belmondo ha
muerto. Para los cinéfilos, este díscolo actor marcó una época que nos preparó
para la Nueva Ola y el Mayo del 68 francés. Feo pero guapo, tuvo una ceremonia
digna a su memoria. Bon voyage.
domingo, 13 de diciembre de 2020
NEUROSIS BICENTENARIA (ARTÍCULO DE OPINIÓN DIARIO CORREO TRUJILLO 13 DICIEMBRE)
Calles y avenidas cerradas, tráfico sin rutas alternativas. Choques entre ambulantes y la policía municipal. Vecindarios con pistas destrozadas. Hospitales que colapsan. Radiografía diaria de una ciudad neurótica.
Este es el retrato de una urbe que,
de pronto, se ha visto sometida a situaciones caóticas que atormentan a los
preocupados y sufridos trujillanos. En medio de la crisis sanitaria y económica
que muchos estamos pasando, hemos sido testigos de fuertes reacciones como lo
fueron las protestas sociales contra la asonada provocada por congresistas de
móviles oscuros y, por otro lado, el problema agrario que causó zozobra en la
ciudadanía al haber mucha población laboral involucrada en esta modalidad. Cada
vez es más frecuente ver negocios que se ven forzados a cerrar sus puertas o
ver por muchas partes carteles que alquilan o venden inmuebles. Los intentos de
retornar a una suerte de resurgimiento económico chocan con otras veleidades
del mundo político que genera desconfianza e incertidumbre. Las acciones
populistas y ramplonas, y el doble lenguaje empleado por parlamentarios y
líderes de partidos políticos han generado un fuerte resentimiento en la
población que va a ser difícil de ser olvidado; y esperemos que así sea, pues hay
tristes evidencias de amnesia colectiva política como lo podemos ver a lo largo
de nuestra historia electoral. En cuanto al panorama sanitario, no deja de
causar grandes temores. Se habla de una segunda ola, mientras muchos ciudadanos
se vuelcan a las calles para satisfacer sus ansias de consumo o para disipar
las tensiones vividas en nuestro forzado encierro. Mucha gente clama por
libertades individuales y exigen libre circulación. Tras la amarga experiencia
que vivimos entre los meses de junio a septiembre nos debería invitar a la
reflexión y no convertirnos en portadores de la desgracia para sus familiares o
para uno mismo.
En este complicado escenario,
surgen acciones desatinadas que obedecen a un prurito proselitista más que el
bien cívico. De haber pensado en este último, no nos veríamos en la estresante
situación que ahora estamos viviendo: mientras cientos de ciudadanos reclaman
el asfaltado de calles que fueron abandonadas por la gestión edil (otro caos
que raya con la hilaridad), se abocan a romper otras sin haber generado rutas
alternativas y causando molestias en momentos como estos. El desatino cunde por
la ciudad que pareciera ser golpeada por diversas plagas, muchas de ellas
evitables si hubiera la coordinación correcta, el criterio técnico más que el
político, una visión más global de la ciudad y una comunicación más efectiva;
realidades bastante escasas por las evidencias que estamos sufriendo.
Si todo esto obedece como parte de
una campaña electoral de un debilitado líder identificado como mendaz y
traicionero, dudo que la población se sienta agradecida por esto. Salvo que el
lema “Sufre, peruano, sufre” sea parte de nuestra compleja identidad.








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