En este último viaje a Brasil he
constatado que para uno es difícil destruir los “nuevos” patrones (llamamos a
ellos, paradigmas) que se nos han estado imponiendo en los últimos 20 años a
raíz de los cambios generados en nuestras sociedades desde el punto económico
(es ahí donde más se han gestado), social y cultural (todo lo estructural). La
liberalización de mercado, la globalización, el desarrollo de la
individualización, la estandarización de patrones humanos como la cultura, la
lengua, la educación; todo esto ha conllevado que la sociedad actual tenga
nuevos patrones aceptados a pie juntillas en remplazo a los criticados
paradigmas de los años 80. Recuerdo toda una campaña agresiva que hablaba de
cambios de paradigmas y hasta la misma palabra de uso lingüístico (en sus
orígenes) adquirió un valor peyorativo, puesto que todo aquello que era
encasillado como paradigmático era visto como antiguo, inútil y hasta nocivo
contra los intereses de una sociedad. Así teníamos economistas que asumían un
cuestionado rol filosófico y aparecieron en torno a ellos, una serie de
personas llamadas a crear justificaciones y paliativos a los nuevos modelos que
llegaron para quedarse: nuevas relaciones laborales, nuevas exigencias y
patrones de conductas, nuevos modelos productivos, nuevos modelos de
aprendizaje; con ellos surgen nuevas necesidades, crisis y diversos problemas,
por lo que todo esto viene acompañado por pseudo escritores y charlatanes
llamados a calmar los nuevos estrés de nuestra sociedad: la angustia, la
presión laboral, la alta movilidad social, la fuerte rotación laboral. Un largo
etcétera al cual se le buscaba las justificaciones más variadas a través de charlatanes
motivadores como Miguel Ángel Cornejo hasta escritores que te dan ciertas
pastillas para relajar la tensión emocional como Paulo Coelho o el caso fusión
de Deepak Chopra, quien gana millones dando recetas de cómo no atosigarse con
tantas medicinas modernas y crea un raro vínculo entre la meditación oriental
(¿sabrá lo que es un yogui?) y el duro avatar de la vida moderna. Y a todo esto
ha ayudado el desarrollo de la tecnología, sobre todo internet, y la
interesante globalización que ha comenzado a mostrar hondas rajaduras debido a
los problemas generados por la crisis del 2008. Cabe notar que este último tema
ha desaparecido de las discusiones y puntos críticos culturales desde entonces,
quizá (quiero ensayar una respuesta) por
la aparición de naciones emergentes que son el tema de esta breve reflexión.
Vuelvo al tema de mi viaje; tomé
una de las revistas institucionales de la línea aérea, el cual estaba dedicado
especialmente a ofertar México como destino turístico. Uno de los breves
artículos que leí y que provoca esta reflexión es de Sonia Racy, llamado Diferentes
Prioridades. En éste la autora comenta algunas razones por las cuales
México y su economía que figuraba a los
inicios de los 90 entre las 8 economías más grande del planeta ha caído a un
puesto 11 (y con posibilidades de caer más, puesto que serán ocupados por las
economías europeas que desciendan por el marcado ascenso de las del grupo
BRIC). Las razones son por todos sabidos: la marcada y fatídica dependencia de
su economía con la de USA. México recibió dos estocadas mortales: la primera en
el 95 con la famosa y traumática devaluación de su peso (el famoso Efecto
Tequila) y la peor fue el 2008 cuando la economía gringa entró en receso (del
cual va a demorar mucho tiempo en salir). México destina el 80 % de su economía
a Norteamérica, atada por ese raro convenio llamado NAFTA, que acarreó graves
problemas sociales y de producción a la sociedad mexicana como es el caso del
maíz. La articulista (TAM Nas Nuvens, año 4, No 47, noviembre 2011) hace,
además, un comentario interesante sobre el ingreso per cápita, el cual sigue
siendo aún mayor en México que en Brasil, pero que es una meta a superar en los
años venideros. Brasil tiene claras sus metas e incluso sus tiempos; los
próximos Juegos Olímpicos así como el Campeonato de Fútbol son las grandes
pruebas de fuego que tiene este país para mostrarlo, como lo ha hecho China en
las recientes Olimpiadas de Beijing.
Brasil, como los países
integrantes del BRIC (Brasil, Rusia, India y China), ven sus economías
apuntaladas por una serie de condiciones y perspectivas que no tienen marcha
atrás, salvo una catástrofe natural sin precedentes. Países con inmenso mercado
interno, ricos en materia prima y con fuerte inversión en la educación. Además,
países, sobre todo China y Brasil, que tienen clara su desventaja cultural
(llámese lingüística) frente a las paradigmáticas lenguas europeas, sobre todo
el inglés. Pero el caso chino ya es toda una ráfaga que ha originado que varias
naciones de Europa hayan reflexionado con
el futuro de nuestras lenguas, incluidas el inglés y el español que son
lenguas de expansión, frente al avance del mandarín. Leí una vez un artículo en
que se hablaba de generar una suerte de frente de nuestras lenguas (español,
inglés, francés) para hacer frente al embate de las lenguas asiáticas. Nuestro
paradigma nos ha hecho creer que el inglés es una lengua que nunca va a ser
desplazada. Es más, se nos repite que la información se difunde en inglés. Por
ahora. La historia de las lenguas no demuestra que las mismas tienen ciertos
ciclos de esplendor y que va acompañada de situaciones especiales socioeconómicas,
las cuales están experimentando China y Brasil. Y Brasil es un caso especial,
sobre todo para nosotros, los latinoamericanos. Los economistas prevén que este
país será la cuarta economía del mundo en dos décadas (quizá menos). China será
la primera; segunda, la norteamericana; tercera, la hindú; y cuarta la
brasileña. Nuestros paradigmas han fijado a la lengua inglesa como prioridad de
nuestro aprendizaje y lo interesante e insólito es que para poder tener
posibilidades de viajar a hacer un estudio superior a un país de habla inglesa
los impedimentos migratorios son engorrosos y muchas veces indignantes. Lo veo
con alumnos que quisieron seguir estudios en algunos de los países con los
cuales nuestra Universidad tiene contactos, y muchos de ellos no fueron
aceptados por problemas de visas. Pero el vínculo que se ha abierto con
universidades brasileñas es interesante, comienza a ser fluido. El
inconveniente es que los candidatos no saben portugués, puesto que no se les ha
ofrecido la oportunidad. Nuestros paradigmas educativos no han pensado en esa
posibilidad. Ese concepto de intercambio estudiantil, por ejemplo, refleja la
concepción modélica de los patrones culturales globalizadores de los 80 y 90, y
los países grandes saben que ese modelo no va mucho con sus intereses. Sí, por
ahora estudio inglés como una suerte de lingua franca, pero además debo ver
las otras posibilidades que no se circunscriben al inglés. Eso lo tienen claro
las demás lenguas como el francés y el alemán.
Estas nuevas y ejemplares situaciones
nos han mostrado algunos procesos históricos lamentables. Hemos vivido a
espaldas a nuestros vecinos, alimentada esta realidad con posiciones
nacionalistas chauvinistas y alarmistas. Además, esto ha sido alimentado por
los diversos gobiernos militares que ocuparon las diversas sillas
presidenciales desde el siglo XIX hasta casi los 90 en el XX, ayudados por una
carrera armamentista. Algunos liderazgos de los 70 u 80 fueron desarticulados
con el fin de evitar posibles potencias económicas que disputen a las ya
conocidas. Pero nada es duradero. Algunos estadistas nuestros desatendieron
propuestas para discutir el manejo y precio de nuestras principales riquezas
(las materias primas) para favorecer un modelo que se instituyó en los 80 con
el fin de socorrer a la estrangulada economía chilena de Pinochet. Los famosos
TLC surgieron para justificar un apoyo a una paria económica y que le dio sus
resultados. Era para salvar una propuesta económica ideada por los famosos
Chicago Boys. Pero a inicios del XXI, esta receta ya no iba a funcionar tanto.
La proliferación de estos raros convenios (que trataron de boicotear y desarticular
el grupo de los 20) ha hecho perder la efectividad de los mismos. Desde la
gestión del presidente Toledo hasta la firma del TLC con USA durante el
gobierno de García, se hizo una campaña informativa agresiva que nos contaba
sobre los beneficios del mismo y las proyectivas económicas una vez firmado el
mismo. Este se firmó en el 2007 y este nuevo año, 2012, se cumple el primer
lustro. Creo que es válido que los promotores del mismo hagan público cuál ha
sido el crecimiento proyectivo para nuestra economía y cuántos millones de
peruanos nos hemos visto favorecidos por el mismo. Brasil no ha promovido ni le
ha interesado hacer este tipo de convenios que son poco simétricos para las
economías pequeñas (como la nuestra) y que dada la actual situación económica
mundial han ido perdiendo su verdadero sentido. La idea de negociar en bloque
fue promovido por los grandes países ricos en recursos naturales (nuestro país
es mediano, pero los tiene) y que tuvo
su culminación en la Ronda de Doha con los marcados liderazgos de países como
Brasil. Se identifica como una potencia y tiene todos los medios para lograr
sus metas. Aunque aún tiene poca población para tan inmenso espacio, lo
importante es que tenga una población con todas las condiciones de calidad de
vida satisfechas. Y está en plena expansión. El crecimiento anunciado de un
poco más del 4 % para el año entrante para un país como éste es inmenso y
valioso. El crecimiento de los países del llamado primer mundo para el año
entrante no pasa del 2 %. Ni qué decir de países como China o la India, cuyas
economías ahora arrastran a las del primer mundo y éstos tiemblan para que,
sobre todo China, no enfríen sus economías. Ya en el cambio total de paradigmas
de nuestra mente todavía subdesarrollada nos parece aún una alucinación que este
grupo haya discutido entre sí para ver cómo ayuda a la Comunidad Europea y al
Euro con el caso de Grecia y otras economías del grupo; y más obtusa y
subdesarrollada fue la de aquellos que censuraron al grupo por no haber acudido
al rescate de dichas economías. Nuestra debilidad histórica mental ya se ha
olvidado de las recetas que nos tuvimos que soplar del famoso Banco Mundial o
las de FMI. La vida da vueltas, los paradigmas sí tardan en girar.
Me parece interesante que las
políticas de los gobiernos latinoamericanos estén un poco más centradas en los
vecinos. Para la paradoja de todos nuestros modelos los países que van a
experimentar más crecimiento fuera de Perú, Chile y Brasil son Argentina y
Venezuela, los nombrados como los parias de Latinoamérica. Y el Mercosur, cuya
condición exige no tener ningún TLC se va a convertir en uno de los mercados
más dinámicos del mundo. Perú es un país con una posición estratégica, la cual debemos
aprovechar pero no es desmedro de nuestra sociedad. Un claro ejemplo de
posiciones absurdas es la de buscar energía hidroeléctrica generada por la
construcciones de represas en nuestras selvas amazónicas, afectando a varios
compatriotas y dañando nuestros propios recursos. Esa no es una política
adecuada. Pero debe verse muchos rubros en conjunto desde económicos hasta
culturales: su arte, su educación y sus investigaciones. Conocemos tan poco a
Brasil como ellos a nosotros. Cada uno de nuestros países no se reduce a
fútbol, samba, chicha, Concorvado o Machu Picchu. Son sociedades que tienen que
conocerse más, promover más el intercambio. Brasil estudia más español que
nosotros el portugués. Y no hay que olvidar que la influencia brasileña ha
modelado muchas zonas del Perú como nuestra Amazonía (la tradicional cadencia
charapa parece mucho a la línea de entonación del portugués brasileño) e,
incluso para vergüenza del centralismo limeño, asumió responsabilidades en zona
de frontera con compatriotas nuestros necesitados de salud y educación.
Ya es momento de voltear los ojos
al vecino, quizá allí hallemos muchas soluciones a nuestros problemas. Hora de cambiar paradigmas.


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada