viernes, 15 de agosto de 2008

Narihualá


Esta visita fue bastante esperada; había oído de la presencia de estas ruinas cercanas a la ciudad de Catacaos, pero por diversas razones había postergado mi arribo a ese lugar. Para llegar hay que preguntar permanentemente sobre el sitio, el cual es conocido por los lugareños, pero que carece de mayor información para una persona que no maneja nuestro idioma. El espacio está rodeado por población, como sucede con muchos restos arqueológicos de la costa peruana. Con sus típicas casas de quincha, uno llega a un santuario cercado precariamente para visitar el sitio. Varios niños nos reciben, unos para invitarnos a comprar recuerdos del lugar, otros para comprar algarrobina (que dicho sea de paso, estaba rica); otros chiquillos ofrecían sus servicios de guía y otros, tristemente, se dedicaban a mendigar. Muchos de los chicos se sentían fastidiados de que algunos de sus amiguitos tomen la actitud de extender la mano para pedir plata u otra cosa; pero es cierto que el lugar es deprimente, ya que la pobreza es evidente y no existe algo que muestre que la presencia de este sitio arqueológico haya generado alguna mejora sustancial en esa zona; es más, lo que se haya hecho antes, se ve ahora deslucido y bastante deteriorado. Al entrar, recibimos nuestro boleto, pero esperaba hallar un libro guía o algo por el estilo. No, no había nada ni fotos o postales con las cuales tuviera una mayor información. Dos pequeños fueron nuestros guías, ambos se habían aprendido de memoria el parlamento (lo vi en Huamachuco también y creo que es algo discutible que se debe replantear si es que se quiere involucrar a los lugareños). Con nuestros pequeños guías hicimos la visita al museo de sitio, simpática construcción de quincha que reproduce la arquitectura del lugar; pero hay escasez de museografía, quizá producto del poco o nulo presupuesto que recibe (y reciben nuestros monumentos históricos). Creo que ya que se habla de responsabilidad social y todas esas musiquitas destellantes para salir del paso, el municipio de la ciudad o la entidad encargada del lugar podría pedir a las "pequeñas" empresas que lucran de la riqueza de Piura para hacer un buen proyecto sostenible a la zona. Piura podría hacer de esta zona histórica una parada más del famoso corredor del norte peruano, pero poner toda esta zona en valor demanda cabezas organizadoras e investigación permanente para su ampliación.
Todo lo que muestra el museo de sitio (como lo muestra el museo de Sicán) es parte de la vida cotidiana de los residentes actuales; es como si el tiempo se hubiera detenido y mucho de lo visto ahí sé que se hace en zonas cercanas a Narihualá, como Simbilá, zona en la aún trabajan la alfarería como lo hicieron sus antepasados. El monumento en sí debe ser limpiado y restaurado, hay que evitar que se deteriore más. Es muy simpático el sendero creado para dirigir al turista (aunque faltan carteles que indiquen qué es lo que uno está viendo cuando encuentra un rellano o un balcón pequeño utilizado como descanso). El ascenso hacia la iglesia es simpático, al llegar a la cima de la huaca vemos un paisaje vasto e impresionante: una isla verde en el desierto. El cementerio se encuentra a un costado de la pequeña iglesia y le da cierto aire de misterio; pero cuando uno levanta los ojos y ve el valle, uno se siente sobrecogido del extraordinario verdor que rodea la pobreza de los habitantes de este ¿caserío? El sitio, en realidad, da para mucho más y ofrecer cosas más atractivas al viajero, no sólo llegar a la de Dios, por acción divina (como muchas cosas suceden en nuestro país) y sentirte a gusto al lugar que llegas. Sé que muchas veces puede sonar a una perspectiva comodona, pero llegar a un lugar que te rodeen las moscas, no puedas tocar alimento alguno por las circunstancias en que te las muestran (había varias botellas de algarrobina en las cuales las moscas campeaban sin ser estorbadas), un poco trajinado por el calor ( no quiero imaginar cómo será en febrero a medio día) y no halles agua, no hacen estas experiencias algo agradable ¿o sí?

2 comentarios:

Trujillo Di? - Tu diario ciudadano regional dijo...

Es importante el tema de NARIHUALA, porque CATACAOS fue el señorio de los TALLANES, cultura regional y la fortaleza su santuario, haay hermosas leyendas al respecto.
Como dato adicional tenemos que agregar que los famosos ceramistas de Chulucanas son oriundos de SIMBILA, zona aledaña a catacaos, después de un fenómeno del niño emigraron a la zona alta de Piura.
Me encantó el blog
marcela

Trujillo Di? - Tu diario ciudadano regional dijo...

Interesante tu artículo, es importante recordar que Nariguará es la fortaleza de la cultura TALLAN, cuya capital fue CATACAOS, hay hermosas historias sobre la fortaleza.
Otro dato interesante es que los famosos ceramistas de Chulucanos son oriundos de Simbilá, pueblo vecino de Catacaos; después de un fenómeno del niños, emigraron al alto Piura.
Marcela